Por la extensión de la adoración

Los hombres solemos tener algunas cosas claras, a veces demasiado claras. Dios tiene sus prioridades, y sería interesante evaluar si hay coincidencia entre las nuestras y las suyas. En estos tiempos se está repitiendo una llamada clara de parte del Señor a su Iglesia: a adorarle, a que ocupemos nuestro sitio a sus pies y le pongamos en el primer lugar, el primer lugar de nuestro tiempo, de nuestro pensamiento, de nuestro culto, de nuestro corazón… Una vuelta al amor primero y al mandamiento primero. Urge que nos encontremos nuevamente con nuestro Señor, y nos dejemos transformar en su presencia, para lo que se requiere que pasemos tiempos en ese taller de transformación que es la adoración. De hecho aquí está la clave de la adoración: necesitamos adorar a Dios para estar vivos en él, para ser modelados por él, para ser bendecidos por él. Por más que la adoración sea un derecho de Dios, para nosotros además es una necesidad, porque en la adoración encontramos todas las bendiciones y todo se ordena para nuestro verdadero bien.
Junto con esta llamada, como no podía ser de otra forma, el Señor quiere asociarnos a los sentimientos de su corazón. El Maestro compartió con la samaritana que el Padre busca adoradores. La samaritana no sólo descubrió quién era el Señor y fue sanada de tantas heridas que se había provocado en su búsqueda equivocada de la felicidad… sino que además llevó la noticia de su descubrimiento a todos sus vecinos. Y muchos pudieron conocer al Señor.
Hoy también, el Señor comparte lo que hay en su corazón con nosotros con respecto a la necesidad y urgencia de la adoración, de forma que nos llama a que extendamos la adoración, a que intercedamos para que muchos otros experimenten hambre y sed por la presencia de Dios, a que testifiquemos y extendamos la adoración en la práctica, ofreciendo la oportunidad de conocer las mieles de la adoración a tantos que todavía no han tenido la experiencia de estar a los pies de nuestro Dios y Rey.

 

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • El Maestro dejó claro que ser su discípulo y obedecerle es la forma de alcanzar el conocimiento de la verdad, cuyo fruto es de liberación para los hombres: “Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8,31-32).
  • Los primeros mandamientos de Dios a Israel unen el amor y la adoración a Dios, realzando el peligro de desviar el culto del corazón hacia los ídolos cuando no adoramos a Dios: “No habrá para ti otros dioses delante de mi. […] Porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso” (Dt 5,7.9).
  • El Señor Jesús recordó esta realidad: “Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto” (Lc 4,8).
  • En el pasaje en que aparecen Marta afanada y María a los pies del Señor, el Maestro enseña: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas;       y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada” (Lc 10,41-42).
  • La experiencia de María de Betania se asemeja a la de aquella mujer que vertió su valioso perfume sobre el Maestro: “vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, de mucho precio; quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza” (Mc 14,3). Es una adoración de un corazón quebrantado, rendido, entregado y amante del Señor.
  • Esta adoración es la que se requiere de nosotros: “los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad” (Jn 4,23-24). Por eso necesitamos del Espíritu Santo y tratar primero con nuestro pecado, para acercarnos al Dios santo, a pesar de ser pecadores, cubiertos con la santidad del Espíritu y perdonados por la sangre del Cordero, acercarnos al Dios Creador como criaturas, y criaturas especiales, redimidos por nuestro Salvador. Todo son motivos para adorar “Al que está sentado en el trono y al Cordero” (Ap 5,13).
Oración particular para este mes: 

Padre, Dios, tú eres digno y santo. Nos amas y has reservado un lugar para nosotros a tus pies. No queremos que ese lugar quede desocupado. Atráenos y ábrenos las puertas de la adoración. Transfórmanos, y haznos adoradores en espíritu y verdad.
Señor Jesús, Cordero de Dios, digno junto con el Padre y el Espíritu de ser adorado por los siglos, enciende en nosotros el fuego de la adoración para que nuestra vida sea de adoradores y coloca en nuestro corazón tus mismos sentimientos. Como tú buscabas en nombre del Padre atraer a los hombres a esa experiencia transformadora de la adoración, ayúdanos a llevar la adoración, a extender la adoración, a tantos hombres que no te conocen y no te adoran, o a aquellos que habiéndote conocido no te están adorando como tú les llamas a hacer.
Espíritu Santo, toca los corazones y las mentes de muchos hombres, llamándolos a conversión y a entregar su vida a quien la entregó primero por ellos. Que tu amor los toque y los impulse a rendir su vida en adoración a su Dios y Salvador. Levanta un pueblo numeroso que adore en espíritu y verdad al Dios vivo y verdadero. Enciende hogueras de adoración por toda la tierra, en cada ciudad, en cada pueblo, en cada casa. En el nombre de Jesús. Amén.
 

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 2 de Mayo
Palabra inspirada: