Por la tibieza en la Iglesia

En relación con la oración de intercesión del mes pasado, febrero de 2009 (por la tibieza en la Iglesia), algunos intercesores nos han hecho llegar las siguientes palabras inspiradas que damos a conocer:

  • Que mi Iglesia reconozca sus pecados, se humille, se postre ante mí y me pida perdón. Yo derramaré mi misericordia sobre ella e infundiré mi Espíritu, para que sea capacitada en la misión para la que ha sido fundada. Mucho debéis orar por mi Iglesia, ya que son muchos los enemigos que la están atacando.
  • Es preciso que mi Novia pase muchos ratos de intimidad conmigo. ¿En qué emplea su tiempo?
  • Recordad que la Iglesia es mi Esposa. Yo la he cubierto con vestidos resplandecientes. La he adornado con joyas espléndidas. Pero muchos enemigos se han levantado contra ella para mancillar su nombre. A vosotros os he dado una gran misión: Tenéis que defenderla, tenéis que luchar contra estos enemigos. No olvidéis que cuando se mancilla a mi Esposa, la Iglesia, es a mí a quien se mancilla. Estad vigilantes y con las armas preparadas para defenderla. Gran misión he puesto en vuestras manos.
  • Mi iglesia necesita ser purificada. En mi iglesia se han infiltrado las aguas venenosas del mundo. No os asustéis de lo que veáis, todo es necesario.
  • Visión de un jardín totalmente abandonado, lleno de malas hierbas, de zarzas que sobrepasan las plantas de ese jardín, que las ahogan. Ese jardín representa a la Iglesia, a todos nosotros. Tenemos que clamar al Padre para que envíe a ese jardinero que desbroce ese jardín, que vaya quitando las hojas secas, que vaya podando los árboles, que vaya abonando cada planta. Esto será posible cuando nosotros reconozcamos nuestro pecado, cuando abandonemos la tibieza; porque los efectos de la tibieza son la dejadez, el abandono, la falta de interés, la comodidad; todo eso hace que vayan apoderándose los abrojos, se vayan secando las hierbas, las hojas. Tenemos que clamar misericordia al Padre para que nos perdone, en primer lugar, clamarle misericordia al Padre para que venga a quitar todo aquello que hace que se ahogue la semilla del amor de Dios en nuestros corazones. Después de que el jardinero va haciendo este trabajo, viene la visión de un jardín perfectamente limpio, cada planta ocupando un lugar, perfectamente delimitado, con unos aspersores regando. Este efecto se podrá llevar a cabo en la Iglesia, en todos nosotros, cuando nos postremos en adoración, cuando no abandonemos la oración en ningún momento, cuando seamos conscientes de que somos parte activa de la Iglesia y de que por nada debemos abandonarla.
  • Los tibios no tienen lugar en mi Reino. Por muchas cosas se afanan pero ninguna da fruto porque Yo soy el que da el crecimiento y el que da el fruto. Mira, pueblo mío, si andas afanado y si estás dando el fruto que corresponde. Necesito que vuelvas a tu amor primero: el que te hacía dejar el mundo y venir a mi presencia, el que hacía que no te avergonzaras de mi nombre… Necesito que vuelvas a ese amor.
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