Por las generaciones futuras

El mundo es enemigo del cristiano. Lo sabemos. Pero fácilmente se nos olvida y tendemos a pensar que la sociedad que nos ha tocado vivir es la más malvada y peor posible. Y podemos llegar a preguntarnos con pesimismo acerca del futuro qué sociedad les tocará a nuestros hijos, a nuestros nietos… al ritmo que vamos de degradación moral.

Ni nuestra sociedad es la más impía, ni es la mejor. Es la que nos ha tocado vivir. Pero es cierto que es una sociedad que se corrompe a gran escala y que se degrada rápidamente. Especialmente con la intromisión de los poderes políticos en áreas privadas como la conciencia, la moral, la educación y la familia, vemos en riesgo -y con motivo- el respeto a nuestros principios, y nos preocupa la educación o deseducación que podrán sufrir nuestros hijos y la influencia que este adoctrinamiento ejercerá sobre ellos. Aunque encontremos alguna forma de escapar a esta tendencia uniformadora de mentes y conciencias conforme lo ahora políticamente correcto (ideológicamente y moralmente aberrante, ya sabemos), nos queda la duda de si nuestros descendientes no vivirán en una sociedad tan corrompida que en cualquier caso se verán bombardeados por influencias perniciosas.

La respuesta es de esperanza: Sí, nuestros descendientes tendrán que luchar, que ir contracorriente, siempre ha sido así para los cristianos. Pero en gran medida el avance del mal sobre nuestra sociedad depende de la falta de oposición y de lucha ahora por nuestra parte. Nosotros tenemos el poder para ahuyentar las tinieblas. Tenemos que usar este poder, por nosotros y por nuestros descendientes. Y también les tendremos que enseñar a defenderse y a usar este mismo poder. La intercesión es un arma poderosa que los creyentes no empleamos suficientemente. Oremos con fe por las futuras generaciones; sembremos ya para que ellos puedan recoger los frutos de esta siembra.
 

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • El Maestro enseñó acerca de los últimos días: “al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará” (Mt 24,12). Aunque no hayamos llegado a vivir exactamente esto, da la impresión de que nos acercamos. En cualquier caso, debemos tener presente la promesa del Señor: “el que persevere hasta el fin, ése se salvará” (v.13), y recordar aquello que él enseñó: “Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).
  • Pablo nos exhorta a no perder el ánimo, sino interceder siempre con confianza: “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tm 2,1-4).
  • Pero el mismo Pablo también nos exhorta a luchar: “Combate […] conservando la fe y la conciencia recta” (1 Tm 1,18-19).
  • La intercesión y la lucha por nuestros descendientes, por las generaciones futuras, es algo precioso que Dios usará poderosamente, aunque ahora mismo no veamos el fruto. ¡Y además sabemos que la victoria es de nuestro Dios!: “cuando el Señor reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria, volverá su rostro a la oración del despojado, su oración no despreciará. Se escribirá esto para la edad futura, y un pueblo renovado alabará al Señor: que se ha inclinado el Señor desde su altura santa, desde los cielos ha mirado a la tierra, para oír el suspiro del cautivo, para librar a los hijos de la muerte. Para pregonar en Sión el nombre de Dios, y su alabanza en Jerusalén, cuando a una se congreguen los pueblos, y los reinos para servir al Señor” (Sal 102,16-22).
Oración particular para este mes: 

Padre, te damos gracias por tus planes de salvación, por tu misericordia y tu paciencia, y por tu poder en favor de los hombres. Te presentamos con confianza las generaciones futuras, y te pedimos que envíes tu gracia abundante sobre ellas, las libres de peligros y las conduzcas a la vida eterna contigo.

Señor Jesús, vencedor del mundo y de todos nuestros enemigos, combate por nuestros descendientes, por las futuras generaciones, líbralos del mal y de la influencia de toda impiedad, dales también la capacidad para luchar, la perseverancia en la prueba y el amor a las realidades eternas.

Espíritu Santo, Consolador y Maestro, guía a nuestros descendientes en los caminos de la vida, mueve los corazones de los hombres para buscar la paz y la concordia y para que no reinen la soberbia, el odio, la mentira y la muerte, mas venga a la tierra el Reino del Padre. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 23 de Mayo
Palabra inspirada: