Por los incrédulos

Nuestros tiempos son de confusión, apostasía, materialismo, neopaganismo y, después de todo lo anterior, evidentemente, de pecado. En gran parte, los medios de comunicación, la enseñanza, y muchos sectores sensibles de la sociedad, han echado a Dios de su vida, cuando no luchan abiertamente contra él. El resultado es una incredulidad que se va extendiendo, a medida que las nuevas generaciones son educadas en este ambiente y los hombres siguen endureciendo el corazón.

Pero Dios no ha retirado su gracia. Él sigue hablando hoy y llamando a esta generación al arrepentimiento y al conocimiento de su salvación. De hecho, aunque el ambiente cultural sea contrario, una fe genuina, probada, surge por doquier para testimoniar las maravillas de Dios.

Los intercesores debemos clamar misericordia a Dios por nuestra generación y colaborar con él para que su gracia se derrame y los corazones de los hombres se abran a la salvación, en respuesta al paciente y fiel amor de Dios y a la obra de redención de nuestro precioso Salvador Jesucristo.

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • La incredulidad consiste en el rechazo de Jesucristo y de la palabra de Dios. Por ello el Señor es “piedra de tropiezo y roca de escándalo. Tropiezan en ella porque no creen en la Palabra” (1 P 2,8).
  • La revelación de la palabra de Dios nos desvela la seriedad del pecado de incredulidad y sus consecuencias: “los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre: que es la muerte segunda” (Ap 21,8).
  • Sin embargo, la voluntad de Dios en este tiempo de salvación es “que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tm 2,4), lo que incluye a todos los incrédulos.
  • La labor de los intercesores abarca dos facetas. Por un lado, clamar misericordia a Dios por el pecado de incredulidad de los hombres de nuestra generación e invocar la gracia de Dios en su favor, pues tenemos la promesa de que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5,20).
  • Y por otro lado, invocar el poder de Dios y la actividad de sus ángeles contra los demonios que siembran incredulidad y ciegan el entendimiento de los hombres para que no acojan la palabra de Dios ni acepten a Jesucristo como su Salvador. Pablo nos explica: “si todavía nuestro Evangelio está velado, lo está para los que se pierden, para los incrédulos, cuyo entendimiento cegó el dios de este mundo para impedir que vean brillar el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios” (2 Co 4,3-4).
  • Igualmente, clamemos misericordia por nosotros mismos, por los discípulos del Señor, por nuestro propio pecado de incredulidad, y para que el Señor nos saque de nuestra ceguera. Con los Once, aconteció que “se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado” (Mc 16,14).
Oración particular para este mes: 

Padre, Dios de verdad y de compasión, te pedimos misericordia por nuestra incredulidad y dureza de corazón para acoger tu luz y ser transformados por ella. Te pedimos perdón por nuestra resistencia y escasa acogida a tu Palabra. Cambia nuestro corazón para recibir tu Palabra y ser modelados por ti.

También te presentamos a todos los incrédulos de nuestra generación, los que más endurecido tienen el corazón, los que más confundidos están, o los que menos contacto han tenido con tu Palabra. ¡Misericordia, Padre!

Señor Jesús, Cordero de Dios que te manifestaste para deshacer las obras del diablo, que tu luz desaloje todo poder de las tinieblas de incredulidad y los hombres puedan ver brillar tu rostro.

Espíritu Santo, derrama tu gracia, tu verdad, abre los corazones a tu Palabra, trae el don del arrepentimiento y prepara los corazones para la acogida de tu Palabra, el conocimiento pleno de la verdad y la experiencia de la salvación. En el nombre de Jesús. Amén.

 

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 29 de Agosto