LA LEY FUNDAMENTAL: Permanecer en él (II)

La prueba de la permanencia. ¡Separados de él no podemos hacer nada! Y sin embargo apenas nos preocupamos de ver si estamos en él o separados de él y, en el primer caso, si estamos bien o mal injertados. ¿Por qué será? Cuando tratamos asuntos importantes necesitamos pruebas y seguridades. ¿No es lógico que, tratándose de algo tan importante como de la posibilidad de alcanzar para el mundo la misericordia y el poder de Dios, tratemos de ver si estamos en condiciones de hacerlo? ¿Cómo lo podemos saber? Tenemos la respuesta en la palabra y por boca del mismo Señor: Si guardamos sus mandamientos.

  • Es la condición primera para ser discípulo, es decir, antes de soñar con una permanencia real y profunda en él y mientras estamos recorriendo el camino del acercamiento, ya hemos de caracterizarnos por guardar sus mandamientos. ¡Cuánto más habrá que guardarlos si queremos permanecer en él! Es imposible permanecer en él y no guardar sus mandamientos, como es imposible, por ejemplo, que estén juntas la luz y las tinieblas: "Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos" (Jn 8,31).
  • Guardar sus mandamientos -su Palabra- es la señal de que amamos a Dios: "En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos" (1 Jn 5,3). Más aún: es señal de que el amor de Dios viene a nosotros: "Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor" (Jn 15,10).
  • Por tanto el resultado siguiente es la comunión en el amor de la Trinidad: "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él" (Jn 14,23). Y entonces y desde ahí nada es imposible.

A ejemplo del Sumo Intercesor. Dicen el Espíritu y la Palabra: "Quien dice que permanece en él, debe vivir como vivió él" (1 Jn 2,6). Ni más ni menos. Jesús nos dio ejemplo de su modo de vivir la permanencia en el Padre y nos enseñó acerca de ella. Necesitamos algún tipo de baremo práctico para poder analizar nuestro amor y saber por dónde nos movemos: este baremo es la propia vida. Los hechos concretos de nuestra experiencia dicen por sí mismos algo acerca de lo que se esconde detrás de ellos, cuáles son las causas que los motivan, hacia dónde se dirigen, qué efectos producen, etc. Estos datos nos definen el amor real o, si lo preferimos, la realidad del amor. ¡Vivir como él vivió! Pero, ¿cómo vivió?

  • Vivió unido al Padre:
       - "Yo vivo por el Padre" (Jn 6,57).
       - "El Padre y yo somos uno" (Jn 10,30).
  • Para dar gloria al Padre:
       - "Yo te he glorificado en la tierra" (Jn 17,4).
       - "Todo lo que pidierais al Padre en mi nombre, yo lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo" (Jn 14,13).
  • Haciendo la voluntad del Padre:
       - "He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado" (Jn 6,38).
  • Llevando a cabo con perfección la misión encomendada:
       - "Te he glorificado... llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar" (Jn 17,4).
       - "Todo está cumplido" (Jn 19,30).