Orar sin desfallecer

No significa orar sin parar, sino continuar orando hasta que el Espíritu ponga en nuestro corazón la convicción de que ya hay respuesta a nuestra oración. Unas veces el contenido de nuestra oración será permanente, como sucede cuando oramos en general por la conversión de los pecadores, pero otras veces podrá ser temporal, como en el caso de orar por alguien que llega a convertirse. En el primer caso, la continuidad forma parte de esta intercesión y habrá que ser constantes en la oración; en el segundo, hay un momento para cesar en la intercesión o modificar el contenido. Orar sin desfallecer significa especialmente no desanimarnos porque no recibimos respuesta a nuestra oración cuando la esperamos, sino mantenernos intercediendo por la fuerza de la fe y de la esperanza, hasta que el Espíritu o la realidad nos hagan ver que nuestra oración está ya contestada.

  • Jesús iba a elegir a los discípulos que tenía que preparar para que continuaran su misión. Era un momento muy importante y, como siempre, quería glorificar al Padre y hacer su voluntad. Así que "se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió a doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles" (Lc 6,12). ¿Por qué no estuvo una hora en oración y se fue a dormir? Porque necesitó toda la noche para conocer la voluntad del Padre y sus planes. Cuando ya tuvo la respuesta, Jesús eligió a los doce.
  • Pablo perseveraba en oración por sus iglesias: "Rogamos en todo tiempo por vosotros: que nuestro Dios os haga dignos de la vocación y lleve a término con su poder todo vuestro deseo de hacer el bien y la actividad de la fe, para que así el nombre del Señor Jesús sea glorificado, y vosotros en él según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo" (2 Ts 1,11).
  • Es necesario perseverar, pues no siempre la oración de intercesión tiene una respuesta inmediata, pero recordemos que la respuesta puede llegar al momento: Daniel estaba intercediendo por su pueblo, y "aún estaba hablando en oración, cuando Gabriel, el personaje que yo había visto en visión al principio, vino volando donde mí a la hora de la oblación de la tarde. Vino y me habló. Dijo: 'Daniel, he salido ahora para ilustrar tu inteligencia. Desde el comienzo de tu súplica, una palabra se emitió y yo he venido a revelártela'"(Dn 9,21-23).
  • Daniel, en otro momento, recibe respuesta a otra intercesión con más retraso del previsto (veintiún días) debido, según le explica el ángel, a las interferencias del "Príncipe de Persia" (cf Dn 10,11-14). ¿Cómo íbamos a pensar que entre las causas de retraso a una oración puede estar la interferencia del Maligno?
  • Jesús nos enseña a perseverar en la intercesión con la parábola de la viuda inoportuna: "Y Dios ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les va a hacer esperar? (Lc 18,7).
  • Muchas intercesiones fracasan porque dejamos de interceder antes de que haya respuesta por parte del Señor. Si no la obtenemos en el plazo que nos fijamos, nos damos por vencidos y dejamos de orar, sin pensar que hay contestaciones que tardan mucho tiempo en llegar. La solución no es arrojar la toalla, sino reafirmar nuestra fe en la palabra de Dios que dice: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá" (Lc 11,10). Pero no dice cuándo, ni cómo, ni dónde.