Interceder según la voluntad de Dios

Tanto en la oración de petición por nosotros mismos como en la de intercesión, es fundamental conocer cuál es la voluntad de Dios siempre que podamos, porque ésta es una de las condiciones importantes que Dios nos ha dado para responder nuestras oraciones: "Si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha. Y, si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido" (1 Jn 5,14-15).

  • Cumplir con este requisito de la oración no es siempre fácil, sobre todo porque no somos conscientes de lo que significa y solemos orar a la ligera. ¡Cuántas veces oramos diciendo "hágase tu voluntad", porque estamos dando por supuesto que su voluntad coincide con la nuestra! Y luego, si no obtenemos lo que queremos, culpamos a Dios diciendo que no sabe hacer las cosas o que no es justo.
  • Según este enfoque pueden darse, por lo menos, cuatro situaciones distintas al orar:
    1) conocemos la voluntad de Dios,
    2) no la conocemos ni debemos intentar conocerla,
    3) no la conocemos, pero deberíamos buscarla,
    4) no la conocemos, pero necesitamos conocerla.
  • Cada una de las situaciones requiere por lo mismo distinto modo de oración:
    Si conocemos la voluntad de Dios, lo que debemos hacer es pedir en concreto por su contenido. Por ejemplo, el Señor ha dicho: "Rogad al Señor de la mies para que envíe obreros a la mies" (Mt 9,38). Se trata de una oración de intercesión en la que, si oramos para que haya muchos evangelizadores, estamos orando según su voluntad. Del mismo modo, cuando intercedemos por los pecadores o infieles, estamos dentro de la voluntad de Dios, porque la palabra de Dios nos lo confirma: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tm 2,4).
    Hay situaciones en que no conocemos la voluntad de Dios ni esperamos conocerla. No debemos hacer ningún esfuerzo para conocer, por ejemplo, cuál es la voluntad de Dios respecto al resultado de un examen en unas oposiciones. Nuestro modo de interceder, en este caso, sería, según los principios generales de la intercesión: "Hágase tu voluntad, santificado sea tu nombre, venga tu Reino...".
    Hay situaciones -tal vez muchas más de las que creemos- en que no conocemos la voluntad de Dios, pero deberíamos conocerla. Puesto que en la vida de un discípulo todo tiene que ver con la voluntad de Dios. Cuando podamos tener, por ejemplo, las mismas posibilidades de ir a evangelizar a un sitio o ir a otro, deberíamos buscar la voluntad de Dios para no equivocarnos en nuestro trabajo y poder además orar por el éxito de esa misión que está en los planes de Dios.
  • Finalmente, hay situaciones -o aspectos de una situación- en las que necesitamos conocer la voluntad de Dios, porque Dios tiene un plan concreto, entre otros posibles, para nosotros o personas sobre las que tenemos cierta responsabilidad. Dios nos puede pedir que intercedamos por personas o circunstancias concretas que, si de nosotros dependiera, nunca entrarían en nuestros objetivos de intercesión. Y esto mismo puede decirse del modo de orar, de la intensidad de la oración, etc.