Interceder en el nombre de Jesucristo

Las expresiones 'en el nombre de Jesús', 'en el nombre del Hijo', 'por tu Hijo'... se emplean con bastante frecuencia, pero esto no significa que sepamos lo que estamos diciendo, y menos aún que lo digamos en debidas condiciones, cosa muy importante, porque no nos serviría de mucho si no pasan de ser frases que pronunciamos, pero no salen del corazón. Tiene tanta importancia, que el Maestro nos dijo: "Todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré" (Jn 14,13). ¿Se puede ser más preciso? Y sin embargo, a veces parece que no hace muchas cosas. ¿Es que no pedimos en su nombre o será que no entendemos lo que quiere decir realmente "en su nombre" y lo hacemos mal?

Jesús les decía: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis" (Jn 15,7), y "separados de mí no podéis hacer nada" (Jn 15,5). En los cap. 14 y 15 de Juan emplea la expresión "en mí" siete veces. ¿Qué está diciendo el Maestro con esta explicación adicional? Está explicando lo que significa pedir en su nombre, que es bastante más que 'pronunciar' su nombre.

Una muchacha poseída de un Espíritu adivino seguía a Pablo. "Pablo se volvió y dijo al Espíritu: 'En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella'" (Hch 16,18). Y se produjo el resultado apetecido, porque Pablo era de los que permanecían en él de verdad.

Un pasaje similar, en el que también se hace uso del nombre de Jesús, es el que se refiere a los hijos de Esceva, Sumo sacerdote judío, que "intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, y decían: 'Os conjuro por Jesús, a quien predica Pablo'" (Hch 19,13). El resultado no se hizo esperar: "El espíritu malo respondió: 'A Jesús le conozco y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?' Y arrojándose sobre ellos el hombre poseído del mal espíritu, dominó a unos y otros y pudo con ellos de forma que tuvieron que huir de aquella casa desnudos y cubiertos de heridas" (19,15-16).

Pedir en el nombre de Jesús significa estar en unidad de Espíritu con él (cf Jn 15,4-7), hasta el extremo de permanecer en él. Podía haberse limitado a pedirnos que no fuéramos enemigos suyos o que fuéramos amigos y estuviéramos cerca de él, pero no dijo eso; porque eso, según su opinión, que es la que vale, no es suficiente. Su intención es que permanezcamos en él; y esto es lo que importa.

Esta permanencia del discípulo en Jesucristo implica:

  • Estar injertados en él, tener su savia y su vida, lo mismo que el sarmiento tiene vida y savia de la cepa, sin la cual no puede ni siquiera existir (cf Jn 15,4 y 16).
  • Vivir en y de su amor: "Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros, permaneced en mi amor" (Jn 15,9). Y es que el amor es tan inseparable de él que no se puede estar en él sin estar en su amor.
  • Que él viva en nosotros: "Aquél día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros" (Jn 14,20). Y de tal modo que nuestro estilo de vida y los frutos de nuestra vida son los suyos.
  • Que su palabra permanezca en nuestra vida: "Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor" (Jn 15,10). Es lo mismo que decir que no podemos permanecer en él, si no estamos plenamente sometidos a él, si no guardamos fielmente sus mandamientos, todos y cada uno de ellos.

Como resultado de la profunda relación que conlleva la forma de vivir anterior, llegamos a poder decir como Pablo: "Vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí: la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios" (Ga 2,20). Cuando se llega a esta situación, lo que realmente sucede es que estamos tan identificados con él, que ya no somos nosotros los intercesores, sino él. Y sabemos que el Padre le concede a él todo lo que le pide (cf Jn 11,42). Así la intercesión es perfecta y obtiene los mejores resultados.