Interceder con autoridad y poder (1)

La intercesión es un ejercicio de autoridad, puesto que la oración de intercesión es la necesaria respuesta de la Iglesia de Jesucristo a la existencia de cualquier tipo de mal que esté dominando situaciones, personas, estructuras, etc. En unas ocasiones la oración será para pedir al Señor que actúe, pero en otras habrá que actuar en el nombre del Señor. La explicación es que:

  • Las fuerzas del mal, al margen de su naturaleza concreta, son contrarias al Reino de Dios y actúan en contra del establecimiento del Reino.
  • La intercesión es siempre una intervención directa o indirecta contra el mal, relacionada con sus manifestaciones o con efectos concretos. Esta intervención puede ser directa contra el mal, como romper ataduras que el enemigo ha puesto a una persona; o puede tratarse de llevar a cabo un alejamiento del mal mediante la intervención de un bien procedente de Dios; y también puede ir dirigida a compensar los vacíos que la presencia del mal haya podido dejar.
  • El mal no se retira nunca por las buenas y sabemos que nada conseguimos acercándonos a él con súplicas y razones. Por eso, la solución está en rogar a Dios que obre, o en tomar autoridad en su nombre sobre el mal para reducirlo. La Palabra de Dios nos presenta numerosas ocasiones en que el Señor nos da poder... ¡para usarlo!

Si hacemos un rápido análisis de la historia de la salvación, veremos cómo desde siempre Dios ha querido tener la colaboración de los suyos para realizar sus obras con poder. Recordemos, por citar un ejemplo, cómo Yahveh se dirige a Jeremías, el profeta intercesor: "Mira que te constituyo hoy (te doy autoridad) sobre naciones y reinos, para arrancar y destruir, para arruinar y asolar, para edificar y plantar" (Jr 1,10). ¡Qué grande es el poder que Dios quiere compartir aquí con su profeta! ¡Pues Dios sigue contando con nosotros y compartiendo con nosotros su autoridad y su poder!