Interceder con autoridad y poder (2)

No podemos tener ninguna duda de que la intercesión es lucha, porque los enemigos principales a los que tenemos que enfrentarnos son muy poderosos, espirituales, rebeldes, belicosos, astutos y ladinos, incansables y vengativos; nunca desisten por las buenas ni sueltan a sus presas amablemente. Sólo la derrota les hace abandonar.

  • El Señor afirmó: "El Reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo toman por la fuerza" (Mt 11,12). Es decir, el Reino de Dios no admite cobardías ni medias tintas y sólo los que ponen todo su empeño en lograrlo lo consiguen. Se trata de una aplicación general para el Reino, en extensión y en duración, de una norma para todos los que trabajan por el Reino y hasta que el Reino llegue a su plenitud al final de los tiempos.
  • Pablo dice a los romanos: "Os suplico hermanos que luchéis juntamente conmigo en vuestras oraciones por mí para que me vea libre de los incrédulos (desobedientes) de Judea y que la ayuda (servicio) que llevo a Jerusalén sea bien recibida por los hermanos" (Rm 15,30-31). Y de los cristianos de Filipo espera oír que se mantengan firmes en un mismo Espíritu y luchen acordes por la fe del Evangelio, sin dejarse intimidar en nada por los adversarios... sosteniendo el mismo combate en que antes le vieron y en el que ahora saben que se encuentra (cf Flp 1,27-28.30). Los enemigos están en todas partes, unas veces en forma de carne, otras de mundo, y una y otro contando casi siempre con la colaboración de los poderosos enemigos del reino espiritual.
  • A veces comprobamos que la intercesión requiere una gran entrega y un gran esfuerzo, como le pasa a Epafras: "siervo de Cristo, siempre luchando en favor vuestro en las oraciones para que estéis firmes, perfectos y completamente asegurados en toda voluntad de Dios" (Col 4,12).
  • Cuando intercedemos por otros tomamos parte en una batalla luchando a favor de ellos. La oración de intercesión nos lleva a tomar las armas en su favor y a enfrentarnos a sus enemigos. Esto se puede apreciar en una oración por las personas oprimidas por algún Espíritu maligno, y no nos cuesta admitirlo. Y lo mismo sucede con cualquier oración de intercesión porque, al fin y al cabo, se trata de restaurar con ella el Reino de Dios en una persona o una situación que están bajo la presión de algún mal.