Interceder con autoridad y poder (5)

La intercesión tiene su parte de guerra. En consecuencia el intercesor es un enemigo de Satanás y sus huestes. No podemos imaginar una intercesión sin lucha, a no ser que sea una intercesión de juguete o de principiantes. Esto exige al intercesor tres actitudes fundamentales, de las que no debe desprenderse nunca: vigilancia, resistencia y ataque.

Vigilancia significa que hay que estar siempre alerta, no obsesionados por el enemigo y sus ataques, pero sí suficientemente despiertos -que eso significa vigilantes- para que las acciones ofensivas del enemigo no nos cojan desprevenidos.

Dice Pedro: "Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar" (1 P 5,8). Cualquier ejército, por malo que sea, sabe que la vigilancia está al principio, en el centro y al final de todas sus operaciones. De la buena vigilancia -total, permanente y en todos los campos- depende una parte de éxito. Y no sólo para saber por dónde viene el enemigo, sino también cuándo es el momento de cogerlo más desprevenido y atacarle. La falta de vigilancia es un problema generalizado de los discípulos, unas veces porque ni siquiera existe, otras porque es muy deficiente. ¿Cómo sorprendernos de los avances enemigos con este modo de operar, que se traduce en no hacer nada o hacer poco y mal?

Y Pablo, después de mencionar "el poder que tiene Jesús de someter a sí todas las cosas" (Flp 3,21), dice a los filipenses: "Estad firmes en el Señor" (4,1). Ésta es la primera condición de todas: estar en él. Cumplir este mandato es garantía de éxito, olvidarlo o menospreciarlo y no ponerlo en práctica es garantía de derrota. Ésta es la regla fundamental de la estrategia espiritual. Muchas derrotas se deben simplemente a creer que podemos alcanzar victorias en este terreno usando a fondo nuestras propias fuerzas, sin ser conscientes de que no sirven para nada, a no ser que estén controladas y dirigidas por el único que tiene todo el poder en los cielos y en la tierra, algo que no puede conseguirse más que estando firmes en él.