La adoración, antesala de la intercesión

La oración de intercesión toca el corazón de Dios. Para esto es necesario también acercarse de corazón a Dios, dejando atrás todo aquello que de algún modo pueda ser obstáculo para entrar en su presencia: hay que acercarse a él con corazón limpio de pecado, pero también desde la posición correcta de criaturas. Esta posición corresponde a la adoración, en la que todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, se prosterna humilde ante el Altísimo, después de habernos acercado a él con pasos de conversión, de acción de gracias y de alabanza. La adoración nos sitúa en el lugar apropiado para los intercesores, desde el cual podemos dirigir a Dios nuestras súplicas en sintonía con su corazón.