Por la costa mediterránea

"donde abundó el pecado sobreabundó la gracia" (Rm 5,20)

España necesita que el pueblo cristiano despierte. Despertar significa básicamente que hagamos aquello a lo que hemos sido llamados (y que no estamos haciendo o no lo estamos haciendo suficientemente). Una de las misiones más importantes que tenemos es nuestra misión intercesora junto a Cristo, nuestra Cabeza, y en él. De nuestro "despertar" y de que ocupemos nuestro sitio dependen en gran medida los destinos de nuestra tierra. Dios está esperando que respondamos con responsabilidad y seriedad ante la gravedad de lo que nos jugamos. En una guerra sería totalmente necio dejar maniobrar a gusto a los enemigos teniendo un arma poderosa, capaz de detenerlos y de llevar al ejército a la victoria. Algo así estamos haciendo los creyentes con la intercesión cuando no la usamos. Pero más allá de la comparación debemos recordar que estamos realmente en guerra y que la intercesión es un arma espiritual de primer orden.

La costa mediterránea es una región especial por varios motivos. En esta época estival, sus playas y costas se llenan de turistas en busca de descanso. Sin embargo, tal como muchas veces se entiende el ocio, lo que en realidad se ofrece y mucha gente busca tiene que ver más con el pecado que con algo tan respetable como el descanso del cuerpo y del alma y el disfrute de la naturaleza y del mar. El mundo y la carne, y el diablo, que no anda lejos, se muestran y se mueven con descaro, lanzando sus redes. La carnalidad, la promiscuidad sexual, el consumo de drogas y alcohol y la muerte espiritual crecen a la par que aumenta el alejamiento de Dios y de su santo temor. No en vano, en esta región abundan las sectas satánicas, como un indicador de la tiniebla y muerte espiritual presentes.

Por ello, es fundamental levantar nuestros corazones a Dios y encender hogueras de adoración al Dios vivo, con el culto razonable de nuestra vida rendida a nuestro Señor y Dios. Y desde esa posición, levantar un clamor al Dios de la misericordia que quiere que todos los hombres le conozcan y se salven.

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • El salmista escribió proféticamente acerca del Ungido: "Pídeme, y te daré en herencia las naciones" (Sal 2,8). Y realmente, aunque los pueblos se aparten de Dios, la realidad es que le pertenecen a Cristo, quien nos ha comprado con su sangre (cf. 1 Co 7,23).
  • Aunque la inmoralidad y el pecado progresen, Dios ha reservado gracia por el sacrificio redentor de su Hijo en la cruz para salvar a la humanidad. Para derramar su gracia, Dios está esperando que clamemos a él e invocamos su misericordia: "donde abundó el pecado sobreabundó la gracia" (Rm 5,20).
  • Por eso, los intercesores tenemos una gran responsabilidad. Dios ha querido contar con nosotros para actuar a favor de nuestra tierra. Por ello debemos ser los primeros en arrepentirnos de nuestros pecados y humillarnos delante de Dios, viviendo una vida de entrega total y rendición al Señor: "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que, llegada la ocasión, os ensalce; confiadle todas vuestras preocupaciones, pues él cuida de vosotros" (1 P 5,6-7).
  • Si somos fieles y perseverantes, orando en unidad, la respuesta de Dios vendrá sin demora, porque "Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes" (St 4,6).
Oración particular para este mes: 

Padre, oramos por España, esta tierra que tú amas y por la que entregaste a tu Hijo. En particular te presentamos la costa mediterránea. Tú conoces la rebeldía y la dureza de corazón de muchos españoles, el rechazo de tus caminos y la fuerza del pecado. Pero tenemos tu promesa de que donde abundó el pecado sobreabundó tu gracia. No merecemos tu misericordia, pero nos humillamos delante de ti ofreciéndote nuestra obediencia y nuestra adoración: recíbelas, y, por tu gran amor, ten misericordia de tanta ceguera espiritual y rebeldía, y derrama tu gracia sobre nuestra tierra.

Señor Jesús, cuya sangre derramada por nuestros pecados tiene poder para borrar toda maldad e idolatría, cubre con tu sangre toda la costa del Mediterráneo, sus playas, sus pueblos, sus ciudades, sus hoteles, los lugares de pecado y de cultos que no te dan gloria. Que tu sangre toque las mentes y los corazones de los habitantes y visitantes de toda esta región, y se abran a ti.

Espíritu Santo, envía hambre de Cristo y de su Palabra, haz conocer a los hombres su vacío y su miseria, revélales su pecado y su indigencia viviendo sin ti, y que puedan clamar, con tu ayuda, al Padre, y abrir sus corazones al Salvador. En el nombre de Jesús. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 2 de Agosto
Palabra inspirada: