La intercesión de Moisés por Israel, el pueblo idólatra

“Quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor” (Lc 7,47).

Había subido Moisés al Sinaí para recibir el pacto de Dios y, como "tardaba en bajar del monte" (Ex 32,1) se hicieron un becerro de oro para rendirle a él el culto debido a Yahveh.

"Yahveh dijo a Moisés: 'Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Déjame ahora que se encienda mi ira contra ellos y los devore; de ti en cambio, haré un gran pueblo'.
Pero Moisés trató de aplacar a Yahveh su Dios diciendo: '¿Por qué, oh Yahveh, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, el que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte? ¿Van a poder decir los egipcios: Por malicia los ha sacado, para matarlos en las montañas y exterminarlos de la faz de la tierra? Abandona el ardor de tu cólera y renuncia a lanzar el mal contra tu pueblo'" (Ex 32,9-12).
  • ¿Es que Dios necesitaba permiso de Moisés para llevar a cabo su plan? Por supuesto que no. Pero Yahveh había encomendado a Moisés una misión y no quería 'saltarse' a Moisés en la decisión que iba a tomar para castigar a Israel. Cuando Dios nos encomienda una misión, quiere que lo que a ella se refiere se haga en colaboración: él con nosotros y nosotros con él. Por eso habla con Moisés, como lo hizo con Abraham, antes de llevar a cabo su plan: "Déjame…".
  • Moisés, como buen intercesor, está también cerca de Yahveh y se siente también con capacidad para dialogar con el Señor y discutir los términos del plan con él. Y al hacerlo muestra en su acción intercesora las mismas cualidades de lógica, sentido común, confianza y humildad que Abraham. Por fin consigue lo que se ha propuesto: detener la cólera de Yahveh.
  • Poco después, cuando Moisés "bajó del monte con las dos tablas del Testimonio" (Ex 32,15) y "vio el becerro y las danzas, ardió en ira, arrojó de su mano las tablas y las hizo añicos al pie del monte. Luego tomó el becerro que habían hecho, lo quemó y lo molió hasta reducirlo a polvo" (Ex 32,19-20). ¡Qué diferencia entre la actuación de Dios y la de Moisés, entre la paciencia de Dios y la de Moisés, entre el plan de Dios y las acciones de Moisés! Es decir, ¡qué diferencia entre el corazón de Dios y el de Moisés!
  • Pero no paró aquí, porque al ver "al pueblo desenfrenado" (Ex 32,25), llamó a "los de Yahveh", los hijos de Leví y les dio orden de matar "cada uno a su hermano, a su amigo, a su pariente" (Ex 32,27), y como consecuencia "cayeron aquel día unos tres mil hombres del pueblo" (Ex 32,28). Moisés se había opuesto al castigo de Dios, pero luego él personalmente lo llevó a cabo. El se encargó del castigo por lo que habían hecho.
  • Y aún había otro problema pendiente: la ofensa a Dios, el pecado de su pueblo. Y aquí es donde Moisés vuelve a ejercer su ministerio de intercesor en favor del pueblo: "Volvió Moisés donde Yahveh y dijo: '¡Ay! Este pueblo ha cometido un gran pecado al hacerse un dios de oro. Con todo, si te dignas perdonar su pecado..., y si no, bórrame del libro que has escrito" (Ex 32,31-32). Moisés apuesta en favor del pueblo, cuyo pecado reconoce, hasta el punto de querer perecer con él, si Yahveh no lo perdona. ¡El intercesor identificado con la necesidad de su pueblo!