La prostitución

España alberga un número muy elevado de prostitutas, llegando a más de 100.000 según fuentes oficiales y alrededor de 300.000 según otras fuentes, siendo algo más de la mitad de origen latinoamericano. Las regiones de Andalucía, Valencia y Madrid son, con diferencia, las que más prostitutas reúnen. La prostitución es un triste negocio que comercia con personas y que mueve en España más de 50 millones de euros cada día, sin contar con el lucro que obtienen los medios de comunicación anunciando y dando publicidad a contactos de prostitutas. A nivel mundial, la prostitución es el segundo negocio más lucrativo, tras el tráfico de armas, y por delante del tráfico de drogas.

La prostitución supone desfigurar tanto el plan de Dios para el hombre, que realmente horroriza pensar en la fuerza del pecado y la esclavitud de las personas atrapadas en este infierno, además de la influencia nociva que socialmente tiene y los dramas a que da lugar: adulterios, destrucción familiar, abortos, contagios de enfermedades de transmisión sexual, ataduras al vicio de la lujuria, perversiones sexuales, desnaturalización de las relaciones entre personas, enajenación y desestructuración personal, soledad, vacío, problemas mentales, malas influencias y ejemplos para las nuevas generaciones, imagen degradante de la mujer… A lo que hay que sumar el terrible drama del tráfico de mujeres para la prostitución, especialmente inmigrantes ilegales de las que se aprovechan mafias despiadadas que las mantienen cautivas en condiciones de esclavitud totalmente degradantes e inhumanas. Y además, el escándalo de la prostitución infantil o adolescente, frecuentemente por parte de sus propios padres, de quienes debían esperar amor y protección.

Todo ello demuestra la capacidad de degradación de la dignidad de las personas, y la maldad del egoísmo con que unas personas son capaces de usar y abusar de otras. La banalización de las relaciones sexuales y la destrucción del sistema social y familiar de creencias morales están ayudando a promover éste y otros vicios y fenómenos sociales. Estamos ante un problema social demasiado pesado para ser obviado, ante dramas personales demasiado terribles para no compadecerse, ante un pecado social tan grave que exige un clamor de arrepentimiento y de petición de misericordia a nuestro Dios.
 
Dios ve el corazón de cada persona, y no juzga como los hombres. Él ve primero la necesidad y el sufrimiento de cada persona. Pero Dios siempre detesta el pecado. No hay justificación para mantener la prostitución y menos para legalizarla, como piden algunos supuestos defensores de la “libertad” (¡qué hipocresía!). Cada mujer –o varón- que se prostituye libremente, está pecando. Cada persona –hombre o mujer- que apoya o fomenta la prostitución de cualquier modo, ya sea gestionando “negocios” de prostitución o acudiendo a estos lugares, está pecando. Y el pecado no sólo va contra Dios sino que trae consecuencias terribles para quien peca y para su familia y la sociedad en general.
 
Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • El Apóstol nos enseña el plan de Dios para nuestros cuerpos y cómo la prostitución es totalmente contraria a este plan: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo! ¿O no sabéis que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? […] ¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?” (1 Co 6,15-19).
  • La prostitución tiene que ver con el adulterio y la fornicación, así como con todo tipo de relaciones contra natura, todo lo anterior engoblado en el término griego “porneia” y traducido comúnmente por “impureza”, pecado en la palabra de Dios y motivo de condenación: “¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios” (1 Co 6,9-10).
  • Pero Jesucristo ofrece siempre esperanza, una salida, por muy profundo que sea el pozo o el abismo en que el hombre se encuentra. En el Señor hay gracia para que sobreabunde donde abundó el pecado. Pablo continúa: “Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1 Co 6,11).
  • La misericordia del Señor, que da oportunidad de conversión, junto con la llamada a la santidad y a dejar el pecado, están presentes en su encuentro con la mujer sorprendida en adulterio que iba a ser apedreada, a quien libró de la muerte al deshacerse de los que la condenaban: “Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más” (Jn 8,11).
  • El hecho de que Dios no desprecie a nadie por su condición, sino que ame infinitamente a cada ser humano y tenga misericordia de todos, aunque odie a muerte el pecado, queda también ejemplificado en el hecho de que Dios incluso usó a una prostituta cananea en Jericó para ayudar al pueblo de Israel (cf. Jos 2 y 6), mujer alabada en la historia de la salvación (cf. Hb 11,31) y que figura en la genealogía del Mesías (cf. Mt 1,5).
  • El mismo Señor Jesús dijo a los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo que quisieron desafiarle porque no creían en él: “En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios” (Mt 21,31).
  • El perdón del Señor que alcanzó a otra pecadora pública nos deja una tremenda enseñanza: “quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra” (Lc 7,47).
  • La prostitución, como mal social, es difícil de erradicar, pero debemos orar para que mengüe y para que sean protegidos de escándalos los pequeños: “Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños” (Lc 17,1).
Oración particular para este mes: 
Padre, venimos con dolor en el corazón por el pecado de nuestro país, por el pecado de la inmoralidad y la prostitución. Tú eres santo y justo, pero también misericordioso y no quieres la muerte del pecador sino que se convierta y viva. Ten misericordia de tantos que están metidos en ese sucio pozo del mundo de la prostitución, y toca sus vidas para que se abran a la salvación, conociendo el amor de Cristo, que pagó por sus pecados en la cruz.
Señor Jesús, ven al encuentro de los que sufren, de los que han perdido su dignidad, de los que están vacíos, de los que están atados al vicio de la lujuria, de los que tienen el corazón endurecido y son incapaces de compadecerse y de amar, de los que viven para sí mismos, de los que hacen del dinero un ídolo, ven al encuentro de los que se hallan en este mundo de pecado. Rescátalos para ti, cambia sus vidas por la virtud de tu sangre preciosa derramada por todos los hombres. Haz de todos ellos siervos tuyos, que den testimonio de tu salvación, pues sólo tú puedes perdonar, sanar y cambiar sus vidas.
Ten misericordia también, Señor, y protege a todas las mujeres que puedan ser engañadas y esclavizadas por las mafias, rescata a las que están secuestradas, y ten misericordia de los menores que sufren abusos o se prostituyen. Protégelos y rescátalos, por tu amor.
Espíritu Santo, derrama sobre nuestra nación espíritu de conversión, espíritu de santidad, espíritu de castidad. Envía tu luz a las mentes y corazones de los hombres, para que puedan acoger tu vida y rechazar las ofertas envenenadas que el mundo les ofrece. En el nombre de Jesús. Amén.
JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 27 de Septiembre
Palabra inspirada: