La intercesión penitente de Daniel

“Pondré mis leyes en su mente” (Hb 8,10).

Daniel, el hombre probado en la cautividad de Babilonia, también es otro gran intercesor. El texto de Dn 9,3-19 contiene una hermosa oración de intercesión, que pone énfasis en los siguientes aspectos:

  • Una etapa de preparación adecuada con "oraciones y súplicas, en ayuno, sayal y ceniza" (Dn 9,3).
  • Reconocimiento de la justicia, de la piedad y la fidelidad de Dios en sus relaciones con Israel (cf Dn 9,4.7.14).
  • Reconocimiento humilde del pecado de su pueblo rebelde (cf Dn 5; 8-11; 15-16.)
  • Confesión de su rechazo a las llamadas a la conversión por medio de los profetas (cf Dn 9,6.13-14).
  • Invocación del amor, la fidelidad y la misericordia de Dios, como únicas razones para pedir clemencia para el pueblo: "Inclina, Dios mío, tu oído y escucha. Abre tus ojos y mira nuestras ruinas y la ciudad sobre la cual se invoca tu nombre. No, no nos apoyamos en nuestras obras justas para derramar ante ti nuestras súplicas, sino en tus grandes misericordias. ¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y obra! ¡No tardes más, por ti mismo, Dios mío, pues tu nombre se invoca sobre tu ciudad y sobre tu pueblo!" (Dn 9,18-19).
  • La oración de intercesión, que ha salido de un verdadero intercesor y ha sido hecha según el corazón y la mente de Dios, es escuchada y obtiene respuesta inmediata de Yahveh, que le envía a Gabriel para darle a conocer los futuros planes de Dios en relación a sus súplicas (cf Dn 9,20ss).