Los cristianos en puestos de responsabilidad

Los cristianos en puestos de responsabilidad

Se supone que los creyentes seamos siempre sal y luz en medio del mundo, y que nuestra luz brille lo suficiente como para que los demás puedan ver la luz. Es más, los hombres esperan nuestro testimonio y la luz de Dios, porque si no se la ofrecemos nosotros, ¿quién lo hará?.
Pero al mismo tiempo, el mundo persigue y trata de silenciar a los que dan testimonio de la Verdad, como ocurrió con el mismo Jesucristo. Por ello, cuando los cristianos estamos en un rincón, lo más normal es que nadie se meta con nosotros, pero cuando el Señor nos llama a ocupar puestos públicos, visibles, de relevancia, todo cambia. Por un lado se van a medir nuestras palabras y actuaciones y no pocas veces encontramos oposición e incluso persecución. Pero por otro lado, nuestra posición permite que nuestro testimonio llegue a muchos. En definitiva, se nos presenta la disyuntiva de si vamos a ser fieles al Señor porque entendemos que el puesto que ocupamos es simplemente una oportunidad de servicio, o si vamos a contemporizar con el mundo para no tener problemas y conservar nuestra posición.

La solución es sencilla: ante todo debemos ser coherentes con nuestra fe y nuestra conciencia, no vendiendo al Señor por veinte monedas.
Pero el mundo se encarga de que muchas veces no sea tan sencillo para muchos de nuestros hermanos. Están sometidos a tentaciones y ataques que pueden debilitarlos y terminar por hacer que se rindan. Necesitan de nuestra intercesión. En este momento histórico en que la verdad es confrontada por el interés y doctrinas relativistas, y en que la corrupción moral parece que toca todo, oremos para que nuestros hermanos en puestos de responsabilidad sean fuertes y coherentes, amando más la verdad y la justicia, por encima de agradar a los hombres y de llevar una vida tranquila, aun con el coste de acarrearse incomodidades y problemas.
Pero oremos también para que el testimonio de nuestros hermanos sea eficaz, para que el Señor les dé la luz y la sabiduría que necesitan, así como la santa audacia de su Espíritu. Necesitamos ser testigos de Cristo ante un mundo que va a la deriva.
Presentemos al Señor a todos los creyentes que tienen puestos de relevancia en las instituciones del Estado, como en la administración de justicia, o los que tienen algún cargo político en cualquiera de las administraciones, también a los que trabajan como profesionales en los distintos ámbitos de servicio a la sociedad. Igualmente, presentemos a a todos nuestros hermanos que trabajan en educación, y a todos los creyentes que trabajan en los medios de comunicación. También a los que han alcanzado notoriedad o fama por su profesión o actividad. Y no dejemos de orar por los líderes pastorales.
Que se deje oír su voz autorizada y experta. Que se pronuncien valientemente a favor de la defensa de la vida, de la dignidad de la persona y del plan original de Dios para cada ser humano y para la familia. Que sean testigos del amor de Dios y de la verdad de su Palabra.

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • Todos nosotros somos siervos de Dios, a quienes el Señor confía dones para que los pongamos a trabajar. El Señor será quien nos juzgue, poco importa el juicio de los hombres (cf. Mt 25,15ss).
  • Si servimos a los hombres, debemos hacerlo desde el Señor y como un servicio a él: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40).
  • El estilo del servicio cristiano tiene poco que ver con el estilo y las aspiraciones del mundo: “Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20,25-28).
  • Nuestra posición no es para servirnos a nosotros mismos, sino para buscar el bien del prójimo: “Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no buscar nuestro propio agrado. Que cada uno de nosotros trate de agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación; pues tampoco Cristo buscó su propio agrado, antes bien, como dice la Escritura: Los ultrajes de los que te ultrajaron cayeron sobre mí” (Rm 15,1-3).
  • Y cuando, por ser fieles a la verdad, los hombres no toleren nuestra integridad, la elección es siempre clara: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5,29). A los apóstoles obrar así les conllevó persecución, pero ellos, fieles al Señor, estaban “contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre” (Hch 5,41).  
Oración particular para este mes: 

Padre, de quien procede todo don perfecto, toda gracia de lo alto, te bendecimos por haberte escogido un pueblo a través de tu Hijo para llevar por la tierra el buen olor de Cristo. Te pedimos por todos tus hijos en puestos de responsabilidad. Da la gracia y la ayuda oportuna a quienes se hallan bajo tentación o ataque de los enemigos. Ilumina sus mentes y corazones para ver con claridad que tú eres el único Juez y el único Dueño a quien deben agradar y servir.
Señor Jesús, Maestro y modelo nuestro, llama a todos los discípulos en cargos de responsabilidad a ser imitadores tuyos, y muéstrales tu corazón paciente, misericordioso, entregado, manso y humilde.
Espíritu Santo, derrama dones de valentía, prudencia, integridad, sabiduría y amor en todos aquellos por los que oramos, para que su testimonio sea luminoso y alcance a muchos para el Reino de nuestro Dios. En el nombre de Jesús. Amén.
 

 

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 28 de Noviembre