Para que los creyentes seamos auténticos testigos

El evangelio no es un libro, sino que es un anuncio lleno de vida y transmisor de vida, el anuncio de una persona y de su obra, que sólo puede ser proclamado desde la experiencia de conocer a esa persona y de ser beneficiario de su obra. Estamos hablando de Jesucristo, muerto y resucitado, y vivo para siempre, y de su obra de salvación y redención, por un lado. Pero por otro lado, estamos hablando de sus discípulos, los rescatados por Jesucristo de la conducta necia y de una mentalidad conforme a la del mundo. La ecuación no se completa si faltan testigos, discípulos que renovados en su mente y en su corazón, anuncien con vida y celo apostólico a su Salvador a quienes todavía no lo conocen, a los hombres que lo necesitan.

La palabra de Dios nos advierte a los creyentes en Cristo de que no podemos guardarnos el tesoro que hemos recibido, sino más bien compartirlo, ser canales limpios a través de los cuales el tesoro que llevamos dentro pueda llegar y ser conocido por quienes tenemos a nuestro alrededor, los de cerca y los de lejos.

Nuestra sociedad materialista y ensoberbecida no acepta el evangelio, lo resiste, porque ha dado la espalda a Cristo. En otras partes el mundo en su rechazo del Salvador lleva a cabo persecuciones contra los testigos de Cristo. En occidente y en particular en España quizá haya otro tipo de persecución, la silente y taimada persecución de la indiferencia, del hielo, del “o actúas como nosotros o tú estás contra nosotros”, sin reconocer que quienes se oponen a la verdad son los que niegan a Cristo y su Palabra, aunque sean una mayoría en ocasiones.

Pero no podemos esperar que el mundo actúe de otra manera. Ni podemos quejarnos de nada. En Cristo tenemos victoria sobre todos nuestros enemigos, también la victoria sobre el mundo. De lo que tenemos que preocuparnos es de nuestra misión, y de cómo la estamos llevando a cabo. Realmente faltan testigos. Los creyentes todavía tenemos que definirnos más y tomar partido por Cristo, entre otras razones porque cuando no lo hacemos así frecuentemente estamos tomando partido contra Cristo, vendiéndolo por veinte monedas. El poder de convicción del mundo ha sido grande y nos hemos dejado seducir demasiadas veces. En ocasiones los creyentes tristemente no nos hemos diferenciado del mundo. Pero los hombres esperan nuestro testimonio, conocer nuestra esperanza, alcanzar el tesoro del evangelio. Y el Señor espera de nosotros que lo demos a conocer a los hombres, que seamos los buenos samaritanos que se acerquen a los heridos de las orillas del camino de la vida, para llevarles el consuelo, la medicina y los cuidados de nuestro Redentor, dándolo a conocer como a nosotros nos ha sido dado a conocer este tesoro: gratis.

Navidad es una época especialmente indicada para anunciar a Jesucristo, porque se trata de él, aunque el mundo lo quiera desdibujar con adornos invernales y felicitaciones asépticas. Ahora y siempre, a tiempo y a destiempo, somos llamados a ser testigos con nuestra vida, palabras y obras, del evangelio de Jesucristo, que nos rescató y nos amó primero. Intercedamos para que respondamos a la voz del Espíritu y nos dejemos llenar y guiar por él para ser testigos genuinos de la persona de Jesucristo y su obra en favor de nosotros y de todos los hombres, quienes lo necesitan y esperan nuestro testimonio.
 

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • El Maestro enseñó claramente: “Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,13-16).
  • A la vez, el Maestro no ocultó que nos sobrevendrían dificultades como consecuencia de nuestra fidelidad a esta misión tan importante: “Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros” (Mt 5,11-12).
  • Pero no dejó opción, su mandato es claro y urgente: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará” (Mc 16,15-16).
  • El anuncio de las buenas nuevas del evangelio es para todos los hombres, para los de lugares remotos como también para los que tenemos al lado: “¡Paz, paz al de lejos y al de cerca!” (Is 57,19).
  • No cabe componendas en nuestro testimonio, debemos definirnos claramente y ser coherentes con el evangelio que hemos recibido, glorificando a Dios con nuestras obras y palabras: “Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos” (Mt 10,32-33).
Oración particular para este mes: 

Padre, te damos gracias por todas las bendiciones que has derramado sobre nosotros, indignos y pecadores, enemigos tuyos en otro tiempo, bendiciéndonos con toda clase de don en los cielos en Cristo, rescatándonos de la opresión del enemigo, de los lazos del mundo y de la culpa de nuestros delitos. Te damos gracias porque tu amor infinito que hemos conocido se extiende a todos los hombres, que quieres que se salven y lleguen al conocimiento perfecto de tu voluntad.

Señor Jesús, Redentor y Salvador nuestro, toca los corazones de nuestros hermanos, para que todos los creyentes dejemos una vida demasiado cómoda y abandonemos las componendas con el mundo y con la carne. Envíanos con poder para llevar tu Palabra y tu presencia. Haz de nosotros verdaderos testigos tuyos, los que los hombres necesitan, que demos razón de nuestra esperanza y compartamos con todos tu amor y tu verdad.

Espíritu Santo, modela nuestros corazones en el taller de la adoración, y úngenos para llevar con ardor y valentía las buenas nuevas de la salvación. Santifícanos y reproduce en nosotros la imagen de Cristo, para que nuestras palabras y nuestro ejemplo hagan que llevemos por todos lados el buen olor de Cristo. En el nombre de Jesús. Amén.
 

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 23 de Enero