Jesucristo intercediendo: Transmisión de vida y de conocimiento

“Vosotros sois la sal de la tierra” (Mt 5,13).

Siguiendo con el pasaje de Juan 17 que nos habla de la gran intercesión de Jesús, encontramos el siguiente texto: "Que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo" (Jn 17,2-3).

La primera petición está relacionada con la vida, con una transmisión de vida que él ha de dar. ¿Acaso no es la muerte por el pecado el problema fundamental del ser humano y la razón de la presencia de Cristo en el mundo? Él ya había afirmado hacía tiempo que había venido a dar vida, como resultado del amor del Padre al mundo (cf. Jn 3,16), pero también había dicho entonces que para que eso sucediera tenía que ser levantado el Hijo del hombre, como Moisés levantó la serpiente en el desierto (cf. Jn 3,15).

En la frase siguiente el Señor explica en qué consiste el misterio de la vida que ha venido a traer: en el conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo. No se trata de un conocimiento intelectual precisamente, sino de un conocimiento que deriva de la experiencia en la que les introducirá el amor del Padre revelado y hecho palpable en la obra del Hijo y del que éste les hará también partícipes mediante la filiación por el Espíritu.