Por la tibieza en la Iglesia

El mundo sigue siendo enemigo del cristiano y de la Iglesia. No podemos esperar convencer al mundo de que Dios es soberano y su Palabra es verdadera, cuando el mundo se opone a la verdad, en medio de corrientes de pensamiento y de vida hedonistas, relativistas, materialistas, idólatras y egoístas. Lo que se espera de los creyentes es que seamos fermento en la masa, con nuestro testimonio y vida cristiana, para que muchos vean la luz de Cristo y lo reconozcan su Señor y Salvador. El mundo no puede ofrecer esperanza, amor, vida plena, paz, ni salvación a la humanidad. ¡Nosotros en Cristo sí!

Pero el drama es cuando los creyentes abandonamos nuestro sitio a los pies del Señor, dejamos de escucharle y obedecer su Palabra, y empezamos a comportarnos y a vivir como los que están en el mundo, hasta prácticamente no diferenciarnos en nada. Y recordemos que no es nuestra práctica exterior la que nos justifica, sino la sangre de Cristo, y el Señor ve lo que hay en el corazón: una actitud de docilidad y una vida entregada a él, en respuesta al don tan grande de su salvación gratuita, o un corazón tibio, acomodado, endurecido, lento para obedecer, tardo para comprender y vivir la voluntad de Dios, lleno de amores desordenados al mundo y complacencia a la carne.

El Señor no nos ha liberado para que recaigamos nuevamente en la esclavitud. Le debemos todo, y él espera todo de nosotros. Él fue radical en su vida y su Pasión, y espera de nosotros firmeza y radicalidad en nuestra fe, siendo fieles a él en lo poco y pequeño y en lo mucho e importante. No podemos transigir en lo poco, puesto que además de ser una puerta abierta para un desastre mayor, es expresión de una actitud equivocada y falta de amor al Señor sobre todas las cosas. Cada área de nuestra vida debe reflejar a quién seguimos, y no podemos transigir con el pecado, ni guardar pecados ocultos. Más importante que lo que hagamos es la actitud de sinceridad y de amor al Señor, y nuestra fidelidad a él, de forma que todo lo que hagamos debe nacer de y manifestar esta actitud y este amor.

Oremos por nosotros y por la Iglesia, para que el Señor nos saque de nuestra tibieza y nos levantemos, como ese gigante dormido que debe despertar, y así cumplamos el propósito de Dios para su Cuerpo en esta hora trascendental de la historia.

 

Fundamento de la Palabra de Dios: 

¨ El Señor nos advirtió de la enemistad del mundo con el creyente: “En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).

¨ La relación del cristiano con el mundo es de enemistad, de estado de guerra, que sólo debe tener un resultado, la victoria junto con Cristo. La Palabra nos instruye sobre no amar ni seguir las pautas del mundo: “No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Jn 2,15).

¨ Cuando los cristianos no nos distinguimos del mundo, cuando hemos renunciado a la radicalidad del Evangelio, contemporizando con el espíritu del mundo… nos podemos cuestionar con las palabras del Maestro: “si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres” (Mt 5,13).

¨ El problema es de raíz, de lo que hay en el corazón: “donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá! Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero” (Mt 6,21-24).

¨ Un corazón dividido, doble, no sólo debilita nuestra vida cristiana, sino que nos lleva al pecado y a ser un antitestimonio para los que nos rodean. Pablo trata con un problema de pecado serio que había entre los cristianos de Corinto: “Despertaos, como conviene, y no pequéis; que hay entre vosotros quienes desconocen a Dios. Para vergüenza vuestra lo digo” (1 Co 15,34). De hecho, el antitestimonio entre los creyentes de Corinto era evidente: “Sólo se oye hablar de inmoralidad entre vosotros, y una inmoralidad tal, que no se da ni entre los gentiles” (1 Co 5,1).

¨ El mismo Apóstol nos advierte de que no puede haber comunión entre la luz y las tinieblas y el creyente debe abandonar toda relación con las obras de las tinieblas: “Vivid como hijos de la luz; pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad. Examinad qué es lo que agrada al Señor, y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas. Cierto que ya sólo el mencionar las cosas que hacen ocultamente da vergüenza; pero, al ser denunciadas, se manifiestan a la luz. Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice: Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo. Así pues, mirad atentamente cómo vivís; que no sea como imprudentes, sino como prudentes; aprovechando bien el tiempo presente, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino comprended cuál es la voluntad de Señor” (Ef 5,8-17).

¨ El Señor Jesús hizo una seria advertencia al Ángel de la Iglesia de Laodicea, al tiempo que señaló cómo aborrece la tibieza: “Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca”  (Ap 3,15-16).

Oración particular para este mes: 

Padre, perdónanos. Hemos pecado contra ti, hemos desobedecido tu Palabra, hemos albergado en nuestro corazón amor al mundo y condescendencia con la carne, hemos abandonado tu santo temor, abusando de tu paciencia y misericordia, pero realmente pisoteando la sangre de Cristo.

Señor Jesús, no hemos sido los testigos tuyos que esperabas. El mundo todavía espera ver tu rostro y conocerte por medio de nosotros, pero hemos distorsionado tu rostro y silenciado tu Palabra. Nuestras obras no han dado testimonio de ti. Perdónanos y sácanos de nuestra tibieza, corrígenos y sácanos de nuestro engaño y nuestra falta de radicalidad.

Espíritu Santo, convence a todo tu pueblo del pecado que nos mancha, y guíanos hacia la santidad hasta que seamos la Novia que el Señor Jesús espera, su Iglesia. Despiértanos, levántanos, ayúdanos para tener una determinación santa para seguir al Señor y que el mundo conozca a Cristo. En el nombre de Jesús. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 28 de Febrero