Por un nuevo derramamiento del Espíritu Santo sobre España

"Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre" (Lc 24,49)

Al comenzar el nuevo curso queremos comenzar a clamar con renovada fe y esperanza al Padre en el nombre de Jesús que derrame su Espíritu sobre esta tierra, para que España sea visitada por Dios, y cambiada por el poder y el amor de Dios.

Si el pecado se ha extendido como una plaga que lo toca casi todo, si el temor de Dios ha disminuido en gran medida y la fe de muchos se ha apagado, si las leyes de nuestro país son cada vez menos justas y la moral del pueblo cada vez más débil, si se siguen asesinando impunemente cientos de niños cada día en el vientre de sus madres sin que apenas nadie se rasgue las vestiduras, si exportamos ante el mundo una imagen de necedad, inmoralidad y soberbia, si muchos cristianos andan desorientados sin saber qué hacer, si la falta de unidad en el Cuerpo de Cristo es sangrante, ¡es tiempo de clamar misericordia al Padre y de clamar al Espíritu Santo que venga a renovar la faz de nuestro país!

Si hay tantos hombres y mujeres que sienten cada vez con mayor fuerza la llamada de Dios a no conformarse con este siglo, si Dios está poniendo en nuestros corazones la carga por el oprobio que arrastramos como país por nuestra tierra y nuestra generación, si muchos han empezado a ver en fe unos tiempos nuevos para España en que la palabra de Dios y el Espíritu Santo van a devolver la vida a los muertos espirituales y van a hacer algo nuevo, cumpliendo la promesa que dice: "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5,20), ¡es tiempo de clamar misericordia al Padre y de clamar al Espíritu Santo que venga a renovar la faz de nuestro país!

Si nuestro país ha caído muy bajo, oremos creyendo que el Espíritu Santo puede levantarnos para la gloria de Dios, si tan sólo nos arrepentimos de nuestra carnalidad y autosuficiencia y nos abrimos a su acción. Él es capaz de empapar esta tierra reseca y de quebrantar toda la dureza y resistencia.

Fundamento de la Palabra de Dios: 

Toda la Palabra de Dios nos lleva a conocer a Dios y su plan para nosotros, los hombres. El Espíritu de Dios es el encargado en estos tiempos de llevar a cabo esta obra; del hombre se espera la adecuada colaboración, que comienza por la expectación, apertura al Espíritu y petición de que sea derramado:

  • Él está presente sobre el orbe desde el principio: "un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas" (Gn 1,2). Y la palabra nos revela que la gloria de Dios y su mismo Espíritu "llena la tierra" (Sb 1,7). Está más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar.
  • Es el Espíritu de Vida, el soplo que da vida a todo hombre. Como ocurrió en el Edén, así hoy quiere derramar su vida sobre todo hombre, la vida eterna y abundante de Dios. Jesús decía: "El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna" (Jn 4,14).
  • Aunque los hombres nos apartamos de la Vida y fuimos apartados de la gloria de Dios por nuestro pecado (cf. Rm 3,23), el Espíritu de la Verdad (cf. Jn 14,17) prometido por Jesús viene a convencernos de pecado y reconciliarnos con Dios (cf. Jn 16,8).
  • Es el Espíritu de Amor, que quiere habitar en nuestros corazones y cambiarnos desde dentro, haciéndonos "morada de Dios en el Espíritu" (Ef 2,22) e "hijos de Dios" (Rm 8,16).
  • Él es la Promesa de Dios, un nuevo Consolador y Abogado, que estaría con nosotros para siempre (cf. Jn 14,16). Además, nos capacita para anunciar la salvación que hay en Jesucristo con poder, y para todo lo que tenemos que hacer, con la "fuerza del Espíritu Santo" (Hch 1,8).
  • La primitiva Iglesia siguió las indicaciones del Maestro. Ellos buscaron en primer lugar el derramamiento visible y palpable del Espíritu Santo: "Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban" (Hch 2,1-2).
Oración particular para este mes: 

Padre, venimos humillados y arrepentidos ante ti. Nuestro oprobio y nuestro pecado como nación están delante de nosotros y delante de ti. Pero sabemos que tú nos amas y que eres rico en misericordia. Por eso nos acercamos con confianza hasta tu Trono de gracia a fin de alcanzar misericordia para nosotros y para nuestro país.

Derrama, Padre, en el nombre de Jesús, tu Espíritu Santo sobre esta tierra, Espíritu de conversión que nos convenza de pecado y nos lleve a tu Hijo.

Que tu Espíritu sople y barra toda oscuridad y tiniebla que cubren esta tierra, todo espíritu de estupor, de incredulidad, de soberbia, de inmoralidad, de ceguera espiritual y de muerte.

Y ven sobre España, Espíritu de Vida. Sopla, Espíritu de Vida, trayendo la salud y la restauración, levantando a los huesos secos que yacen muertos en el valle sombrío, levantando un pueblo numeroso que confiese que Jesucristo es el Señor, el Señor de España y el Señor de sus vidas.

Que tu presencia, Espíritu Santo, penetre en cada ámbito en nuestra sociedad, cambiando la mentira y el engaño por verdad, lo torcido y tenebroso por justicia y santidad.

Derrama tu unción, Espíritu de Dios, unge con tu aceite cada ciudad y cada pueblo, a cada habitante de esta tierra, para que la opresión del enemigo sea quebrantada en sus vidas y puedan ver brillar el rostro de Cristo y volverse a su Salvador.

Derrama tu presencia, Santo Espíritu, trayendo gozo, paz, amor, poder, luz y verdad. Tú haces fácil lo difícil, tú haces posible lo imposible, donde tú estás los cielos están abiertos, donde tú estás ocurren milagros y llega la salvación.

Perdona, Señor, la maldad de esta nación, y abre los cielos sobre nosotros. Nos ponemos de acuerdo contigo, Señor, y decretamos en el nombre de Jesús cielos abiertos sobre España, en este mismo momento, los milagros empiezan a ocurrir y los hombres se vuelven a Dios.

A los que no te conocen, Señor, que tu Espíritu los lleve a un encuentro personal contigo.

A los que te conocemos, que tu Espíritu nos lleve a vivir en verdad y en autenticidad, rompiendo toda rutina, toda tibieza, toda idolatría, todo lo que no te da gloria, Señor. Y danos una experiencia nueva de ti, un conocimiento nuevo, y una decisión renovada de seguirte. En el nombre del Señor. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 7 de Octubre.