Por los pastores de la iglesia en España

 

 "Orad por nosotros para que la Palabra del Señor siga propagándose y adquiriendo gloria" (2 Ts 3,1)

Pero Dios nos llama a la salvación y a la vida nueva individualmente. Nada puede sustituir al encuentro personal con Jesucristo que cada hombre necesita tener. Como dice la carta a los Hebreos, en el nuevo pacto "no habrá de instruir cada cual a su conciudadano ni cada uno a su hermano diciendo: ‘¡Conoce al Señor!’, pues todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos" (Hb 8,11). El conocimiento de Jesucristo y la decisión de seguirle es lo más importante que ocurre en la vida de cada hombre que viene a este mundo.

Pero Dios no nos llama sólo a la salvación, ni sólo individualmente. Él nos llama a formar un pueblo nuevo, la Iglesia, de forma que cada uno de nosotros recibimos otra llamada fundamental: la de ocupar un sitio en la Iglesia, en el Cuerpo de Cristo, la llamada a la Comunidad Cristiana. Allí es donde vamos a crecer, a compartir la vida de Dios por todos los canales por los que llega hasta nosotros, y también donde vamos a servir, a servirnos unos a otros por amor, conforme el ministerio que Dios nos da a cada uno, y servir al Reino de Dios, prolongando la llamada a la salvación en medio de este mundo que no conoce a Dios, pero que lo necesita desesperadamente.

De este modo Dios, que es nuestro Pastor, ha puesto pastores delegados en medio de su pueblo, para realizar algunos de estos servicios en su nombre: cuidar y consolar, instruir y edificar, sanar y vendar las heridas, corregir y exhortar, y sobre todo alimentar y guiar al pueblo, con el alimento sano de la Palabra y por el camino que el Espíritu va marcando para su Iglesia.

Sin embargo, esta tarea no es fácil. No porque Dios lo ponga difícil, pues él es fiel y si ha llamado a un ministerio en el Cuerpo, capacita para ello y da lo que necesitamos cuando le buscamos y se lo pedimos. Los problemas vienen, para empezar, por parte de nuestros enemigos: el diablo tratará de estorbar a los siervos de Dios, y engañarlos si fuera posible, para apartarlos de realizar la función que Dios quiere que desempeñen; el mundo perseguirá y traerá tribulación a quienes son enemigos declarados suyos; y los cristianos carnales, con su falta de sometimiento y falta de radicalidad, harán que muchos pastores sufran e incluso duden y se cuestionen si tienen que ceder o cambiar para acercarse a las pretensiones de aquéllos.

Pero los mayores problemas que aquejan a los pastores vienen por parte de su falta de colaboración con Dios. Cuando un pastor pretende servir en el Reino de Dios a su modo, con sus fuerzas, con sus criterios, sin buscar la luz de Dios, el poder de Dios, la dirección de Dios… no sólo está él en engaño, sino lo que es mucho más trágico: está llevando al engaño a muchos otros, los que se le han encomendado. Su actividad será estéril, por muchas cosas que haga, su enseñanza —aunque sea teológicamente correcta— no producirá vida en los corazones de quienes le escuchen, sino que con toda probabilidad los cauterizará e inmunizará para escuchar la palabra de Dios, e incluso otras veces los llevará directamente al error, haciendo que se apartarten de la verdad. Se cumple así lo que decía el Señor: "Son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo" (Mt 15,14).

Por todo ello, entendemos la responsabilidad tremenda que tenemos todos los cristianos, y especialmente los que hemos sido llamados al ministerio intercesor, de orar por nuestros pastores. Pero además es mandato de Dios, como dice Pablo: "Orad por nosotros para que la Palabra del Señor siga propagándose y adquiriendo gloria" (2 Ts 3,1).

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • La promesa de Dios es: "Os pondré pastores según mi corazón que os den pasto de conocimiento y prudencia" (Jr 3,15).
  • La realidad que ha vivido el pueblo en muchos casos ha sido de falsos pastores que se han aprovechado de las ovejas: "¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño?" (Ez 34,2), o malos pastores que han dispersado a las ovejas: "Pues así dice el Señor, el Dios de Israel, tocante a los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado las ovejas mías, las empujasteis y no las atendisteis. Mirad que voy a pasaros revista por vuestras malas obras" (Jr 23,2).
  • En otras ocasiones, ha sido la torpeza y autosuficiencia de los pastores la que ha traído la ruina al pueblo: "Mi tienda ha sido saqueada, y todos mis tensores arrancados. Mis hijos me han sido quitados y no existen. No hay quien despliegue ya mi tienda ni quien ice mis toldos. Es que han sido torpes los pastores y no han buscado al Señor; así no obraron cuerdamente, y toda su grey fue dispersada" (Jr 10,20-21).
  • Por ello, y ante la gran responsabilidad que se les confirió, hay juicio para los pastores negligentes (cf. Jr 25,34).
  • Pero el Padre envió a Jesucristo, quien se presentó ante nosotros como el Buen Pastor, que "da su vida por las ovejas" (Jn 10,11). Él era movido a compasión ante los hombres "porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor" (Mt 9,36). Y es el modelo de todo pastor delegado, que ha de actuar en su nombre, desde él.
  • Además, debemos orar para que el Señor envíe pastores según su corazón: "La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9,37-38).
Oración particular para este mes: 

Padre, te damos gracias por Jesucristo, nuestro Buen Pastor, y por el Espíritu Santo, el otro Defensor que nos ha sido dado. Y te damos gracias por todos los hombres que en nombre de Jesús Pastor y con la fuerza del Espíritu realizan un ministerio de pastor en medio de tu pueblo. Ellos llevan la voz del Pastor, cuidan con las manos del Pastor, y usan la vara y el cayado del Pastor, porque tú los has ungido para hacerlo.

Te pedimos por ellos, para que tu Espíritu esté sobre ellos y que puedan realizar este ministerio como tu mismo Hijo lo haría.

Te pedimos que los bendigas abundantemente, que los colmes de todos los dones y carismas que necesitan para su labor, e igualmente que les des descanso a sus almas, paz a su corazón, fortaleza en sus luchas, salud y vida plena y abundante para servirte mejor.

Tú conoces todas las dificultades que afrontan. Pero has prometido que no los dejarías ni los desampararías. ¡Guárdalos en tu nombre, santifícalos en la verdad!

Y te pedimos, Padre, también por todos los pastores negligentes y ciegos. Que tu Espíritu Santo los convenza de su pecado antes de que llegue el juicio sobre sus vidas. Sacude sus conciencias dormidas, que tengan un encuentro contigo, se arrepientan de su necedad y te abran su corazón para ser pastoreados por ti, aprender de ti y comenzar a servirte y servir a los hombres desde ti.

Y envía, Padre, más pastores según tu corazón, con pasión por las almas, con celo por el evangelio, con entrega y radicalidad, con oído de discípulo y corazón de pastor, para que tu Palabra siga propagándose y adquiriendo gloria, para que los hombres encuentren el camino de la salvación y crezcan hasta la madurez de la estatura de Cristo. En el nombre de Jesús. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 25 de Noviembre.