Por los ancianos

"Vendrás a sacarme de los abismos de la tierra, sustentarás mi ancianidad, volverás a consolarme" (Sal 71,21)

En España cada vez tenemos más personas en la llamada tercera edad, jubilados, muchos de los cuales terminan en residencias de ancianos, y a quienes muchas veces les falta aliciente para vivir. Otros han descubierto en la jubilación los "alicientes" que les ofrece el mundo, como los bailes, los viajes, y el pecado del adulterio, en el que no pocos viudos y viudas están viviendo.

La sociedad en general ha dado la espalda a sus mayores, para los que no hay tiempo. Pero no podemos hacer así los cristianos. En concreto, los intercesores debemos recordar a nuestros mayores y orar por ellos en sus necesidades. Pero sobre todo orar para que experimenten la vida verdadera que viene de lo alto, para que sus vidas encuentren el verdadero sentido en Cristo.

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • La palabra de Dios enseña que los ancianos merecen respeto y honra por su ancianidad: "El vigor es la belleza de los jóvenes, las canas el ornato de los viejos" (Pr 20,29). Es una edad en que la experiencia y la sabiduría acumulada ayudan a confiar en Dios, que es siempre fiel, y a esperar en él: "Tú que me has hecho ver tantos desastres y desgracias, has de volver a recobrarme. Vendrás a sacarme de los abismos de la tierra, sustentarás mi ancianidad, volverás a consolarme" (Sal 71,20-21).
  • Sin embargo, también enseña la Palabra que la vejez no se identifica de por sí con la sabiduría y la santidad: "La ancianidad venerable no es la de los muchos días ni se mide por el número de años; la verdadera canicie para el hombre es la prudencia, y la edad provecta, una vida inmaculada" (Sb 4,8-9). Es más, cuando Jesús interpeló a los que querían apedrear a una mujer que había cometido adulterio, les dijo: "Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra" (Jn 8,7). ¿Resultado? "Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos" (v.9). Fuesen los que más pecados habían acumulado o simplemente los que antes reconocieron sus pecados, una cosa estaba claa: necesitaban conciencia de pecado y arrepentimiento por sus pecados.
  • A los creyentes se nos manda socorrer a los ancianos en su necesidad, como se nos manda socorrer al débil y al desvalido: "Honra a las viudas, a las que son verdaderamente viudas. Si una viuda tiene hijos o nietos, que aprendan éstos primero a practicar los deberes de piedad para con los de su propia familia y a corresponder a sus progenitores, porque esto es agradable a Dios" (1 Tm 5,3-4).
  • ¿Y qué mayor necesidad que la necesidad espiritual, de conversión? Los intercesores debemos tener presentes a los ancianos, y especialmente a los moribundos, que se acercan a la muerte, cuando se encontrarán con el Señor y serán juzgados. Nicodemo le preguntó a Jesús: "¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?" (Jn 3,4). La respuesta del Maestro: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto" (Jn 5,7).
  • Debemos orar de acuerdo con la promesa que Dios dio por medio de Joel: "Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones" (Jl 3,1). De esta forma, con la gracia de Dios, podrán vivir como es la voluntad de Dios y su vida tendrá fruto aún en la ancianidad: "que los ancianos sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia, en el sufrimiento; que las ancianas asimismo sean en su porte cual conviene a los santos: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, maestras del bien, para que enseñen a las jóvenes a ser amantes de sus maridos y de sus hijos, a ser sensatas, castas, hacendosas, bondadosas, sumisas a sus maridos, para que no sea injuriada la Palabra de Dios" (Tt 2,2-5).
  • Hay esperanza para el anciano, en el Señor: "A la hora de mi vejez no me rechaces, no me abandones cuando decae mi vigor" (Sal 71,9).
Oración particular para este mes: 

Padre, traemos a tu presencia a los ancianos, a cada uno como tú lo ves, cada uno con sus necesidades. Te los presentamos con gratitud por lo que ellos han hecho por levantar este País y por sacar adelante a la siguiente generación. Y te los presentamos con compasión, pidiendo que derrames tu misericordia sobre ellos, ante sus pecados y su necesidad de ti.

Te pedimos en primer lugar por su conversión. Que tu Santo Espíritu, que prometiste que sería derramado sobre toda carne, venga sobre ellos trayendo convicción de pecado y arrepentimiento, para que busquen en la cruz de tu Hijo la salud de su espíritu, así como de su alma y de su cuerpo.

Especialmente te presentamos, Padre, a los moribundos. Que conozcan tu amor y tu santidad, y tócalos para que se vuelvan a ti y se reconcilien contigo.

Y que todos los que se encuentran sumidos en la soledad, la desesperanza, la amargura, la falta de perdón, los vicios, las envidias o los sortilegios, que encuentren en ti la verdad que les hace libres, la paz que puede custodiar todo su ser, la esperanza que no defrauda, la fuerza de la salvación, el perdón de todas sus culpas.

Envía igualmente a su lado discípulos tuyos o ángeles que les lleven tu Palabra y tu consuelo, tu corrección o tu protección.

Que cada una de sus vidas te dé gloria y puedan unirse cuando llegue su momento a los bienaventurados que disfrutan de tu presencia en el lugar donde no hay llanto ni sufrimiento. En el nombre de Jesús. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 24 de Febrero.
Palabra inspirada: