Por los hospitales

"Sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos" (Mt 14,14)

Nuestros hospitales están llenos de historias de sufrimiento, de dolor, en ocasiones historias de lucha, otras veces historias de desesperanza. Son niños, jóvenes, adultos, ancianos. Son familias que sufren con el que sufre, pero también personas abandonadas que sienten el dolor de la enfermedad y el de la soledad.

El Señor está cerca de aquellos que sufren, pues su corazón es compasivo y misericordioso. Nosotros, intercesores con Cristo, llamados a compartir sus mismos sentimientos y su mismo amor, capacitados por su mismo Espíritu, tenemos en los hospitales un claro objetivo de intercesión. Dejemos que el Espíritu nos guíe mientras oramos, y que el Padre pueda derramar sus bendiciones y su misericordia entre tantos que necesitan conocerle y recibir ayuda de lo alto.

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • Dios establece desde el principio una alianza con su pueblo en la que promete alejar las enfermedades y traer bendiciones sobre los que le obedeciesen: "No te postrarás ante sus dioses, ni les darás culto, ni imitarás su conducta; al contrario, los destruirás por completo y romperás sus estelas. Vosotros daréis culto al Señor, vuestro Dios. Yo bendeciré tu pan y tu agua. Y apartaré de ti las enfermedades" (Ex 23,24-25).
  • Jesucristo manifestó que el Reino de Dios había llegado a nosotros demostrando su poder sobre las enfermedades: "Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron curados" (Mt 14,35-36).
  • El Hijo de Dios mostraba el corazón del Padre, lleno de compasión y misericordia hacia todos cuantos sufrían de dolencias diversas. Ante las multitudes abrumadas por diversos problemas actuó movido por su compasión: "vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos" (Mt 14,14).
  • Jesucristo se compadecía igualmente de los dramas familiares, como de aquellos padres angustiados ante la enfermedad de un hijo, en Cafarnaúm. El padre le rogaba: "Señor, baja antes que se muera mi hijo" (Jn 4,49). El Maestro curó al niño y sanó el corazón de los padres, devolviéndoles la alegría.
  • Pablo también fue testigo de cómo Dios respondió sus oraciones y sanó a un hermano querido que padecía una enfermedad grave: "he juzgado necesario devolveros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de armas, enviado por vosotros con el encargo de servirme en mi necesidad, porque os está añorando a todos vosotros y anda angustiado porque sabe que ha llegado a vosotros la noticia de su enfermedad. Es cierto que estuvo enfermo y a punto de morir. Pero Dios se compadeció de él; y no sólo de él, sino también de mí, para que no tuviese yo tristeza sobre tristeza" (Flp 2,25-27).
Oración particular para este mes: 

Padre, oramos por cuantos están enfermos en los hospitales. Tú conoces las situaciones por las que están atravesando, las noticias que les han dado, y qué está suponiendo para ellos este tiempo de hospitalización.

Te pedimos que envíes tu Santo Espíritu a todos ellos. Que en este tiempo de incertidumbre y en el que forzosamente tienen que dejar sus actividades cotidianas, puedan volver sus ojos a ti, y tu Espíritu les ayude a abrirte sus corazones y les revele a Jesucristo, el Salvador que necesitan, único y suficiente para todas sus necesidades, temporales y eternas.

Te pedimos igualmente por sus familias, para que sean tocadas por tu amor, vuelvan sus ojos a ti, encuentren la reconciliación, la paz y la unidad en ti. Que tú las puedas trasformar y llenar de tu misma compasión y amor divinos.

Sana, Señor, a tantos enfermos que sufren no sólo enfermedades del cuerpo, sino miedos, amargura, soledad, desesperanza. Tócalos, y que sean levantados en su cuerpo, alma y espíritu, para que no sólo sus enfermedades los dejen, sino que puedan comenzar una nueva vida contigo.

Te presentamos igualmente a los moribundos y aquellos que quieres llevar a las moradas eternas. Acógelos con misericordia, que su tránsito pueda estar lleno de paz y de gozo, por una manifestación especial de tu presencia en esos momentos, que haga que los corazones más endurecidos se abran y arrepientan buscando tu misericordia y tu salvación.

Toca también al personal médico y cuantos trabajan en contacto con los enfermos. Pon en ellos tus mismos sentimientos, úsalos para confortar y atender a cuantos se les confían.

Y que estos hospitales que te presentamos puedan ser lugares donde tú reveles tu gloria, tu amor, tu poder y tu voluntad de salvación para todos los hombres. En el nombre de Jesús. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 30 de Junio.
Palabra inspirada: