Por las personas que están solas

"no estoy solo, porque el Padre está conmigo" (Jn 16,32)

En nuestra sociedad actual, marcada por el egoísmo, la soberbia y el rechazo de Dios, hay poco espacio para los demás. El "yo" se erige como nuevo ídolo en muchos corazones.

Pero, aunque nuestra generación no quiera reconocerlo así, las consecuencias del pecado siempre son destructivas para el hombre. Nuestra sociedad cosecha los frutos de lo que ha sembrado: Muchos padecen de soledad, por no tener a Dios y estar vacíos en su corazón; muchos padecen de soledad física porque no tienen a nadie que les dé amistad, cercanía y cariño; muchos padecen la soledad de la incomunicación, viviendo en mundos separados aun en medio de sus familias y compañeros de trabajo o de estudios. Sólo hace falta comprobar cuántas personas buscan compañía en la televisión: encienden el receptor "para escuchar a alguien hablar", aun cuando con ello van cayendo en una mayor soledad y aislamiento.

Cuando pensamos en la soledad, vienen a nuestra mente las imágenes de ancianos abandonados, de presos en sus celdas o de emigrantes desarraigados, pero esta enfermedad de la soledad la sufren aunque de otras formas también madres de familia, adolescentes o incluso quizá personas que un día consagraron sus vidas a Dios.

Los intercesores debemos hacernos eco del clamor misericordioso del Señor Jesús, quien desea que cada hombre acuda a él y encuentre en su amistad y comunión la verdadera compañía que puede llenar nuestra vida. Como Cristo nos invitó: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso" (Mt 11,28). Oremos por los que están solos, para que abran su corazón a Jesucristo y puedan tener una vida plena con él ahora y por la eternidad.

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • Dios, nuestro Creador, sabe que nuestro corazón no está hecho para la soledad. La razón fundamental que le movió a instituir el matrimonio, por ejemplo, fue ofrecer compañía y ayuda al hombre: "No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada" (Gn 2,18).
  • Pero Dios mismo quiere ser nuestra compañía. ¡Quién mejor que él! Cuando con el pecado original llegó la caída y la separación de Dios, las consecuencias fueron trágicas, porque perdimos la comunión con Dios, e incluso el hombre y la mujer se hicieron extraños, echándose la culpa de lo que había ocurrido: "La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí" (Gn 3,12).
  • Sin embargo, Dios envió a su Hijo Jesús para buscarnos, en medio de nuestra soledad, y reconciliarnos con él. El evangelio narra el momento trascendental en la vida de la mujer adúltera que iba a ser apedreada, cuando "se quedó solo Jesús con la mujer" (Jn 8,9).
  • El Señor Jesús quiso enseñarnos con su modelo el camino, cuando buscaba cada día durante un tiempo la soledad de los hombres, pero como medio para encontrar una presencia diferente: la compañía y el abrazo amoroso del Padre: "subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí" (Mt 14,23). De esta manera nos enseñaba el secreto de la verdadera felicidad y el camino para salir de nuestras soledades. Sin comunión con Dios siempre estaremos solos, aun en medio del bullicio.
  • Él prometió que no nos dejaría ni nos abandonaría. Jesucristo prometió a sus discípulos: "yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20). Y para hacer efectiva su promesa, pidió al Padre que enviase el Espíritu Santo, nuestro Abogado y Consolador, para que estuviese con nosotros y en nosotros: "vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros" (Jn 14,17-18).
  • Ahora bien, esta preciosa comunión con Dios, inmerecida y gratuita, requiere sin embargo algo de nosotros: una disposición, una búsqueda, un deseo, una entrega, una vida de obediencia a Dios, buscando agradarle en todo, como nuestro modelo, Jesucristo, nos enseñó, al revelar: "el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él" (Jn 8,29).
  • A Cristo, por tanto, podían fallarle sus discípulos, pero sabía que su Padre no le fallaría jamás y eso era suficiente para él: "me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo" (Jn 16,32).
  • El Señor nos enseñó con su palabra y con su vida que sólo en el amor, en el servicio, en la entrega, hay fruto. Pero que fuera de ahí, hay soledad y esterilidad: "si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12,24). Por ello, Abraham también es ejemplo para nosotros, pues recibió la recompensa de su fe, al creer y obedecer a Dios; el Señor cambió su vida de un anciano estéril a padre de muchas naciones: "Por lo cual también de uno solo y ya gastado nacieron hijos, numerosos como las estrellas del cielo, incontables como las arenas de las orillas del mar" (Hb 11,12).
  • Por todo ello es tan deseable el verdadero compañerismo cristiano: "¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos!" (Sal 133,1).
Oración particular para este mes: 

Padre, Dios de misericordia y de compasión, te presentamos a tantos que realmente están solos, a tantos que no tienen a nadie, a tantos de los que nadie se acuerda, a tantos por los que nadie ora, a tanta víctima de la incomunicación, del aislamiento, de la incomprensión, a tantos necesitados de afecto y de ser reconocidos, que sólo han vivido rechazo y desprecios.

Padre, tú enviaste a tu Hijo Jesús para buscar a cada hombre, rescatarlo de la muerte y conducirlo por el camino de la Vida al encuentro contigo. Que cada uno de éstos por los que oramos puedan experimentar junto a ellos la presencia de Jesucristo como amigo y Salvador, que los lleve al conocimiento de tu Nombre y los introduzca en la comunión contigo.

Señor Jesús, Pastor del rebaño, que cuidas las ovejas y buscas a la perdida, te presentamos a aquellas ovejas que han marchado errantes por la vida: sana y venda sus heridas, cárgalas sobre tus hombros y condúcelas al lugar de reposo, en tu maravillosa compañía.

Espíritu Santo, Consolador y Defensor bueno, trae tu paz y tu gozo a los corazones que se abren a la presencia de Cristo Jesús, para que gusten "cuán bueno es el Señor" y no tengan sed jamás. Y guíalos por los caminos de la vida, para que apoyados en la Cruz de Cristo, también por los méritos de Cristo puedan alcanzar fruto abundante y la herencia de gloria.

En el nombre de Jesús. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 29 de Junio
Palabra inspirada: