Por los moribundos y todos los muertos espirituales

"Está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio" (Hb 9,27)

El mundo no quiere mirar de frente a la realidad de la muerte. Es una realidad considerada desagradable, siempre inoportuna, obstinada y rebelde. Los hombres quisieran hacerla desaparecer, pero se ven impotentes ante ella, por tanto muchos se mueven entre el temor a la muerte y el intento de olvidarla. Pero no podemos cambiar la realidad de que somos mortales. Lo más sensato es buscar la verdad en relación a la muerte y tener presente esta realidad para orientar nuestra vida correctamente.

Dios nos da las respuestas, si las queremos conocer y creer. Para los que viven en el temor y la angustia, la Biblia nos explica que Jesucristo ha vencido a la muerte y que por medio de él tenemos vida eterna, disponible para los que creen en él y se incorporan a su muerte y resurrección. Pero también nos explica que el destino de los que permanecen en sus pecados es la muerte eterna o condenación. Sólo la sangre de Jesucristo es el medio capaz de lavar nuestros pecados y granjearnos el acceso a una morada eterna en la gloria del cielo. Sólo se requiere de nosotros el arrepentimiento de nuestros pecados y la fe en Jesucristo, lo que nos permite ser reconciliados con Dios y recuperar la comunión y la amistad con él, y así recibir la vida de Dios, que "brota para vida eterna" (Jn 4,14).

Para los que quieren olvidar la realidad de la muerte, la Biblia nos enseña que no tenemos asegurado nuestro futuro y nos conviene ponernos a cuentas con Dios ya, no engañándonos a nosotros mismos pensando que "tenemos tiempo". Dios, que quiere nuestra salvación, nos exhorta a escuchar hoy su voz, reflexionar y tomar una decisión: "Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación" (2 Co 6,2). No podemos dilatar nuestra decisión, sino tener en cuenta que "Dios resiste a los soberbios" (St 4,6).

Oremos por los que se acercan a la muerte, para que abran su corazón a Dios y se reconcilien con él mientras están a tiempo. Y oremos por todos los muertos espirituales que viven en el temor o en la indiferencia, para que la verdad de la palabra de Dios toque sus vidas y puedan aceptar a Jesucristo como su Salvador.

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • Ni las circunstancias de la vida y ni siquiera la muerte puede arrebatar la paz al que ha confiado en el Señor, porque su fe está firme y no vacila, sabiendo en quién ha confiado y cuál es su destino. El momento de la muerte es para el justo un momento de paz y de alegría, sabiendo que le espera la corona de la vida: "Cuando ante la desgracia es arrebatado el justo, se va en paz. ¡Descansen en sus lechos todos los que anduvieron en camino recto!" (Is 57,1-2).
  • Pero la palabra de Dios es dura contra los que se burlan de la muerte y especialmente del final de los justos: "Pero vosotros venid acá, hijos de hechicera, raza adúltera que te prostituyes: ¿De quién os mofáis? ¿Contra quién abrís la boca y sacáis la lengua? ¿No sois vosotros engendros de pecado, prole bastarda?" (Is 57,3-4). A ellos les espera otro destino, a menos que se arrepientan.
  • Un aviso para los que confían en sus riquezas y trabajan para disfrutar de ellas: Puede que les digan el día que menos esperan: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?" (Lc 12,20).
  • Los que no tienen presente lo fugaz de la vida son amonestados a reflexionar: "Ahora bien, vosotros los que decís: ‘Hoy o mañana iremos a tal ciudad, pasaremos allí el año, negociaremos y ganaremos’; vosotros que no sabéis qué será de vuestra vida el día de mañana... ¡Sois vapor que aparece un momento y después desaparece!" (St 4,13-14).
  • La Biblia explica con claridad nuestro destino: "unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno" (Dn 12,2).
  • ¿Cómo alcanzar la salvación? La carta a los Hebreos dice en relación a la obra de Cristo en la cruz: "Por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó él de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo, y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud" (Hb 2,14-15).
  • Por tanto, lo que necesita cada hombre, independientemente del momento de su vida por el que pase, es un encuentro personal con Jesucristo, y someterle la vida y la muerte: "Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, del Señor somos" (Rm 14,7-8).
  • La fe en la resurrección nos proporciona una paz "que supera todo conocimiento" (Flp 4,7). Por ello somos llamados a estar "siempre alegres en el Señor" (Flp 4,4) y a no inquietarnos "por cosa alguna" (Flp 4,6), incluso a no temer "a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer más" (Lc 12,4), sino sólo temer "a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna" (Lc 12,5).
  • Los intercesores tenemos una urgente tarea, al orar por los moribundos para que se abran al Señor y por todos los muertos espirituales y los tibios, para que huyan asimismo del abismo de la muerte eterna: "A unos, a los que vacilan, tratad de convencerlos; a otros, tratad de salvarlos arrancándolos del fuego" (Judas 22-23).
Oración particular para este mes: 

Padre, Señor de la Vida, Creador y Dueño de toda vida, te damos gracias por este gran don. También te damos gracias porque tu voluntad es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad, porque tú amas a los hombres y deseas que alcancen la vida eterna. Por ello enviaste a tu Hijo Jesús, como víctima de propiciación por nuestros pecados y vencedor del diablo, por la obra de la cruz.

Señor Jesús, tú que eres la Resurrección y la Vida, el Camino al Padre, ¡toca y rescata a todos aquellos que se encaminan a la muerte eterna! Tú los has comprado con tu sangre preciosa; te pedimos que no se pierdan, Señor.

Espíritu Santo, dador de la Vida, ven a convencer de pecado a todos los que se acercan a la muerte y a todos los muertos espirituales, y revélales a Cristo, para que puedan acogerlo como su Señor y Salvador, puedan reconciliarse por medio de Cristo con el Padre, y sean arrancados de la muerte eterna.

En el nombre de Jesús. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Días 27 de Julio y 24 de Agosto