Por los que sufren depresión

"Habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, el penar y suspiros!" (Is 51,11)

De la depresión se ha dicho que es el mal de nuestro tiempo. De hecho, se habla de que en España hay cuatro millones de personas afectadas por trastornos depresivos. Sin duda que muchos más si contamos aquellos que conviven a diario con la tristeza. Las causas de la depresión son varias, pero la realidad es que las personas que sufren este trastorno en lugar de buscar ayuda acostumbran aislarse al vivir bajo una nube de oscuridad, no viendo una salida. En sus estados más graves, como la depresión mayor, puede conducir a intentos de suicidio.

Jesucristo vino a este mundo para que tengamos vida y vida en abundancia. Si la depresión roba la vida a los que la sufren, Jesucristo nos ofrece su vida, la vida verdadera. Él es el médico de nuestro cuerpo, alma y espíritu, que no sólo puede llegar hasta la raíz de nuestros problemas, sino que nos ofrece la respuesta a nuestra necesidad y la vida que nadie más nos puede ofrecer.

Al mismo tiempo, Cristo comprende nuestro sufrimiento porque él mismo pasó por mucho más. Aproximándose su Pasión, su tristeza y angustia se hicieron de tal calibre que los evangelistas dicen que estaba "sumido en agonía" (Lc 22,44) y que "comenzó a sentir pavor y angustia" (Mc 14,33). Entonces pronunció la siguiente terrible afirmación: "Mi alma está triste hasta el punto de morir" (Mc 14,34). Pero dice la Biblia que "El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades" (Mt 8,17), para que seamos libres. Él venció a todos nuestros enemigos.

Los intercesores somos llamados a ponernos en la brecha en favor los cautivos del diablo y de la enfermedad, y usando el arma poderosa de la oración, ser canales de la misericordia y del poder sanador y liberador del Señor.

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • La Biblia nos enseña que hay dos tipos de tristeza muy distintos: "la tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación; mas la tristeza del mundo produce la muerte" (2 Co 7,10).
  • La palabra de Dios nos ilumina para salir de la tristeza de muerte del mundo, con la esperanza de la salvación. Pablo enseñó: "no os entristezcáis como los demás, que no tienen esperanza" (1 Ts 4,13). El duelo por la pérdida de un ser querido no produce la misma tristeza en un cristiano, por la esperanza de la vida eterna que hay en nosotros.
  • La culpa que acompaña al pecado es la causa fundamental de la falta de paz y la tristeza, hasta el punto de hundir a una persona, como dice Pablo: "no sea que se vea ése hundido en una excesiva tristeza" (2 Co 2,7). El perdón tiene el poder sanador de la tristeza producida por la culpa.
  • El evangelio son buenas nuevas. Las promesas que acompañan al anuncio y la recepción de la salvación son promesas de gozo y felicidad: "Los redimidos del Señor volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, el penar y suspiros!" (Is 51,11).
  • Dios es siempre nuestro refugio, en medio de la desgracia o la tristeza. De Ana, la madre de Samuel, dice la Biblia que "estaba ella llena de amargura" (1 S 1,10) y tristeza. Entonces "oró al Señor llorando sin consuelo" (v.11), e hizo un voto al Señor. Dios la escuchó y sanó su aflicción. Ella insistió en la oración hasta recibir la bendición que esperaba su alma (cf. v.12).
  • En el ejemplo anterior se cumple la palabra que nos instruye: "Cuando gritan aquéllos, el Señor oye, y los libra de todas sus angustias; el Señor está cerca de los que tienen roto el corazón, él salva a los espíritus hundidos" (Sal 34,17-18).
  • Es a Dios a quien debemos y podemos recurrir. Él es nuestro Salvador: "en angustia y tristeza me encontraba, y el nombre del Señor invoqué: ¡Ah, Señor, salva mi alma!" (Sal 116,3-4). La respuesta: "estaba yo postrado y me salvó. Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque el Señor te ha hecho bien. Ha guardado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, y mis pies de mal paso. Caminaré en la presencia del Señor por la tierra de los vivos" (Sal 116,6-9).
  • Esdras dijo al pueblo: "No estéis tristes: la alegría del Señor es vuestra fortaleza" (Ne 8,10). Aunque por la Palabra de Dios venga a nosotros una tristeza momentánea que nos lleva al arrepentimiento, ello conduce a un caudal de gozo y vida en la salvación del Señor. Además, conocer a Dios y sus atributos transforma nuestra vida a su imagen, y su alegría es la causa de nuestra alegría, motivación para vivir y fuerza para luchar.
  • Sólo del Señor podemos entonces decir: "Has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría" (Sal 30,11).
Oración particular para este mes: 

Padre, Dios de la Vida, te presentamos a tantos hombres que yacen bajo la opresión del enemigo, bajo el peso de la condenación, bajo una nube de depresión, habiendo creído las mentiras del enemigo, sin esperanza, sin dirección en sus vidas, sin ánimo en su corazón. Tú los creaste con un propósito y con unos dones, y cada uno de ellos es precioso para ti, y sobre todo amado por ti. Sácalos del abismo en que se encuentran y condúcelos a la vida y a la salvación.

Señor Jesús, Salvador y Redentor nuestro, envía tu Palabra de salvación y tu presencia que saquen del pozo en que se encuentran a tantos hombres, adultos, ancianos y jóvenes, sumidos en la depresión. Que cada uno de ellos pueda tener un encuentro contigo que los transforme para toda su vida y para la eternidad, que sean restaurados y renovados por tu misericordia y tu poder, porque tú haces todas las cosas nuevas y sólo tú eres capaz de hacer nuevas sus vidas.

Espíritu Santo, toca y sana las mentes, los cuerpos, y levanta las vidas de todos estos que te presentamos. Que sean llenos de tu gozo y desaparezcan las penas y la tristeza de sus vidas. En el nombre de Jesús. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 28 de Septiembre
Palabra inspirada: