Para que el Señor levante en nuestra nación adoradores en espíritu y verdad

"Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto" (Lc 4,8)

En medio de tantas necesidades y problemas urgentes que nos rodean, corremos el riesgo de olvidar que lo más urgente, lo más importante, lo más necesario… es la adoración.

La adoración a Dios es la llamada más importante que tenemos, y la necesidad más imperiosa, por varios motivos. Uno, porque es nuestro sitio, y todo lo que hagamos sin que surja de la adoración no tendrá el sello de Dios y difícilmente producirá buenos frutos. Otro motivo es que la adoración a Dios contrarresta el poder del pecado y de la idolatría en que está envuelto el mundo. Además, la adoración alivia el corazón de Dios del dolor que le produce la rebeldía y el alejamiento de los hombres de él. Y por si fuera poco, la adoración es la mejor forma de alcanzar el corazón de Dios, que se derrama en bendiciones sobre nosotros y sobre todos los hombres, aun sin que le pidamos que lo haga.

Por tanto, los adoradores e intercesores somos llamados a llevar adoración al Trono de Dios, y a clamar para que el Señor levante nuevos adoradores en nuestra tierra. De esta forma, donde vaya creciendo la fuerza de la adoración a Dios la luz y la gracia de Dios irá creciendo también, como en un oasis en medio del desierto… ¡hasta que el desierto sea transformado en un vergel! En la adoración los cielos se abrirán derramando el agua que nos purificará y sanará nuestra tierra.

Si la falta de adoración es fuente de tantos desastres y muerte espiritual, la adoración a la que Dios nos llama, la única adoración verdadera y capaz de cambiar la situación es la adoración en espíritu y en verdad, de lo profundo del corazón del hombre, que se anonada ante la grandeza de su Creador y Señor, rindiéndose ante él en integridad, capacitado por el Espíritu Santo para acercarse en espíritu al Trono de Dios.

 

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • El mayor mandato de Dios, incluye la adoración a él, como parte de nuestro amor y servicio a Dios: "Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto" (Lc 4,8).
  • Dios busca adoradores genuinos: "los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad" (Jn 4,23-24).
  • De hecho él nos creó para adorarle: "todo fue creado por él y para él" (Col 1,16).
  • Nosotros somos quienes necesitamos adorar a Dios, no que él lo necesite, pues él no necesita nada: "¡El hombre! Como la hierba son sus días… Dios en los cielos asentó su trono, y su soberanía en todo señorea" (Sal 103,15.19). Por tanto, este mandato es vida para nosotros, y un privilegio, pues "¿qué es el hombre para que le conozcas, el hijo de hombre para que en él pienses?" (Sal 144,3).
  • En adoración, el Reino de Dios se establece en nuestras vidas y su gracia nos transforma: "Bajó Moisés del monte Sinaí y, cuando bajó del monte con las dos tablas del Testimonio en su mano, no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante, por haber hablado con él" (Ex 34,29).
  • Por eso, el Señor dijo de la adoración que es la parte mejor, el tiempo mejor empleado, lo que más nos aprovecha y cuyas bendiciones más permanecen: "Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada" (Lc 10,41-42).
Oración particular para este mes: 

Padre, te damos gracias por el don de la adoración, pues teniendo innumerables ángeles y bienaventurados en tu presencia has querido que nosotros participemos junto con ellos de la misma adoración a ti, único Dios. Por eso te pedimos que nos des un corazón adorador, para adorarte como tú esperas, en espíritu y verdad, y aprovechar este enorme privilegio y esta tan alta llamada.

Señor Jesús, Hijo de Dios que estás a su derecha con toda potestad y gloria, merecedor de nuestra adoración, ayúdanos a extender el fuego de la adoración como antorchas vivas encendidas en tu presencia. Que los hombres te conozcan y te amen, que te adoren y tu Nombre sea glorificado en toda la tierra.

Espíritu Santo, toca y enciende a muchos que están fríos, dormidos, encerrados en sus problemas y luchas personales, a tantos cristianos que no han descubierto el secreto de la adoración. Haz de ellos y de tantos otros que no te conocen y que todavía no han gustado de las mieles de la adoración, grandes adoradores que en esta tierra te den el tributo de sus vidas ofrendadas a ti, Dios verdadero, de forma voluntaria, como en la eternidad haremos todos de forma necesaria.

Que corran ríos de adoración desde nuestra nación, desde cada ciudad, desde cada pueblo, desde cada rincón, hacia tu Trono en la gloria. En el nombre de Jesús. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
3 de Noviembre