Por las próximas elecciones y el futuro gobierno de España

"Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad" (1Tm 2,1-2)

El día 9 de marzo de 2008 se celebran en España elecciones generales, para configurar el Congreso y el Senado, así como poder formar un nuevo gobierno de la nación. También se celebran elecciones autonómicas en Andalucía.

La situación política actual es preocupante. Los intercesores debemos unirnos y orar por nuestro país clamando la misericordia de Dios para sanar esta tierra y traernos un nuevo gobierno que no se aleje más de los intereses generales, conforme a la recta razón, la ley natural y los mandatos de Dios.

Debemos tener en cuenta la gran importancia de las leyes que se promulgan, y que transforman socialmente un país.

Tras las últimas leyes y actuaciones de nuestro gobierno, España se ha convertido en el mundo en país abanderado de los llamados "derechos" de los homosexuales, lo que no es otra cosa en realidad que un ataque en toda regla a la familia y a la moral. No sólo sufrimos esta abominación, sino que somos modelo para otros países de inmoralidad y destrucción familiar, como si de un avance se tratara. Tras la ley del "divorcio express", España está batiendo records en rupturas matrimoniales, provocándose una verdadera catástrofe social al favorecer la destrucción de la unidad familiar. Una generación entera de niños se está criando fuera de un ambiente familiar cohesionado que les aporte seguridad para su desarrollo. Por si fuera poco, se han aprobado leyes educativas que pretenden adoctrinar ideológicamente a los menores en cuestiones políticas, morales y familiares, invadiendo el terreno de los padres sobre la formación de la conciencia moral de sus hijos. Muchas de estas leyes bordean o vulneran la Constitución Española y libertades fundamentales.

Igualmente, España aparece como un abanderado de una falsa paz, que no tiene en cuenta la rica tradición cultural y espiritual de nuestra tierra, sino que bajo la apariencia de tolerancia, abandona los valores cristianos que han elevado el bienestar y el nivel moral de nuestra nación, para acoger sin diálogo al mundo musulmán. Incluso países como Marruecos se atreven a reclamar territorios de soberanía española, sin una respuesta clara de parte de nuestros responsables. Si con esta actitud cobarde y timorata se pretendía evitar el radicalismo y el castigo del terrorismo islamista, tristemente hemos comprobado que no sólo no se consigue esto sino que damos alas y hacemos que se envalentonen éstos y otros terroristas. La justicia ha sufrido las veleidades de intereses políticos del momento, en aras de una supuesta paz y de una falsa negociación con los terroristas. Pero sabemos que no puede haber paz sin justicia, y no puede haber paz y justicia renunciando a la verdad.

Además, existe un riesgo evidente de ahondar graves problemas como la cesión a los dictados de minorías separatistas y la destrucción creciente de la unidad del Estado y la igualdad de derechos de los ciudadanos en función de su comunidad autónoma de residencia, nuevas legislaciones sobre el aborto como una ley de plazos que dé carta de naturaleza al aborto indiscriminado en los primeros meses de gestación, nuevas legislaciones que promuevan la eutanasia, o restricciones flagrantes de la libertad religiosa como se está proponiendo legislar en Cataluña, por no hablar del peligro de políticas económicas desacertadas que puedan asfixiar la economía de las familias españolas, disparándose las cifras de desempleo, endeudamiento o inflación.

Por otro lado, tenemos fresca en nuestra memoria la imagen de los gravísimos atentados terroristas que acompañaron y marcaron las anteriores elecciones generales.

Si los creyentes en España no hemos despertado aún para responder a nuestra responsabilidad como intercesores por nuestra nación, ¡éste es un buen momento!

Fundamento de la Palabra de Dios: 
  • Los gobiernos humanos son necesarios y queridos por Dios: "Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios" (Rm 13,1).
  • Pero en nuestro mundo presente sabemos que todos los gobiernos serán imperfectos. Cuando haya conflicto, se nos recuerda: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch 5,29). Pablo habla de "los príncipes de este mundo, abocados a la ruina" (1 Co 2,6), cuando siguen la sabiduría de este mundo, contraria a la revelación y al orden de Dios.
  • Se nos insta vivamente además a huir de la idolatría y del falso mesianismo de la política: "No pongáis vuestra confianza en príncipes, en un hijo de hombre, que no puede salvar" (Sal 146,3).
  • Lo anterior no quita para que reclamemos y busquemos los gobiernos más ecuánimes y justos: "¡Ay! los que decretan decretos inicuos" (Is 10,1). En democracia es responsabilidad de los creyentes escoger sabiamente a sus representantes, y si Dios los llama a ello también participar en la vida pública como una forma de servicio: Dice Pablo que quien tiene una responsabilidad pública "es para ti un servidor de Dios para el bien" (Rm 13,4).
  • Se nos insta, especialmente, a orar por el gobierno (pues de un gobierno honesto y responsable a otro injusto y corrupto se siguen consecuencias muy diferentes para el pueblo): "Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad" (1 Tm 2,1-2).
  • Pero por encima de todo, debemos saber que Dios es quien pone y quita soberanos: "¿Dónde está, pues, tu rey, para que te salve, y en todas tus ciudades tus jueces? aquellos de quienes tú decías: «Dame rey y príncipes». Rey en mi cólera te doy, y te lo quito en mi furor" (Os 13,10-11). Muchas veces es la impiedad del pueblo la que hace que Dios consienta que el pueblo tenga responsables impíos, para que lleven al pueblo a la pobreza o al desastre, todo con un propósito de guiarnos a la conversión; o gobiernos que persiguen a los creyentes, queriendo Dios que salgan de su mediocridad y tibieza o que den testimonio ante los pecadores y las autoridades, brillando así más su luz. En cualquier caso, recordemos siempre que "en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Rm 8,28).
  • La Biblia dice que "según el juez del pueblo, así serán sus ministros, como el jefe de la ciudad, todos sus habitantes" (Si 10,2). Esto es cierto para bien, pues cuando los gobernantes son justos y prudentes pueden hacer que la moralidad y el temor de Dios en un país crezca. Pero también se da la influencia contraria: los jefes son ejemplo que, para mal, llegan a infectar a la nación con su impiedad y falta de temor de Dios, conduciendo a las gentes lejos de Dios. Hay muchos ejemplos en la historia de Israel de ambos tipos de situaciones. Por ejemplo, sobre el reinado de Jeroboam dice la Palabra: "Jeroboam alejó a Israel del seguimiento de Yahveh, haciéndoles cometer un gran pecado. Cometieron los israelitas todos los pecados que hizo Jeroboam, y no se apartaron de ellos" (2 Re 17,21-22).
  • Pero el deseo de Dios es que los intercesores tomen su lugar en oración por su nación, para clamar por ella y que sea sanada su tierra: "Si mi pueblo, sobre el cual es invocado mi Nombre, se humilla, orando y buscando mi rostro, y se vuelven de sus malos caminos, yo les oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra" (2 Cro 7,14).
  • Cuando los intercesores usamos la autoridad espiritual que el Señor comparte con sus discípulos, podemos propiciar cambios que afectan a las naciones: "Los tronos de los príncipes los volteó el Señor, y en su lugar sentó a los mansos" (Si 10,14).
Oración particular para este mes: 

Padre, ponemos en tus manos los destinos de España. En primer lugar queremos pedirte perdón por el pecado de esta tierra y el pecado de sus dirigentes. Hemos pecado contra ti y nos hemos acarreado abominación. Pero sabemos que tú amas nuestra nación y tienes planes de bien y no de mal, de vida y no de muerte. Ten misericordia, y aparta de nosotros el mal al que nos hemos hecho acreedores. Padre, estamos envueltos en oprobio y vergüenza. Pero humillados venimos a ti con todo nuestro corazón y clamamos: ¡sana nuestra tierra!

Señor Jesús, Rey de reyes y Señor de señores, te consagramos nuestra tierra y te pedimos que venga tu Reino. Quita del trono a los soberbios que se levantan contra tus leyes y contra el bien, y danos dirigentes que sirvan a su país con humildad y espíritu de servicio, para traernos justicia, prosperidad y tranquilidad.

Espíritu Santo, toca las mentes oscurecidas de muchos de nuestros conciudadanos para que vean la verdad y busquen el bien, y que en estas elecciones tu luz nos haga ver la luz para en conciencia escoger con sabiduría a nuestros próximos dirigentes. Te pedimos que lo que se ha hecho contra la verdad y la justicia salga a la luz. Te pedimos que protejas nuestra tierra de cualquier peligro durante este periodo, de forma que escojamos en tranquilidad un nuevo gobierno. En el nombre de Jesús. Amén.

JORNADA DE ORACIÓN Y AYUNO : 
Día 9 de Febrero – Día 1 de Marzo