2006-2007

Interceder con autoridad y poder (5)

La intercesión tiene su parte de guerra. En consecuencia el intercesor es un enemigo de Satanás y sus huestes. No podemos imaginar una intercesión sin lucha, a no ser que sea una intercesión de juguete o de principiantes. Esto exige al intercesor tres actitudes fundamentales, de las que no debe desprenderse nunca: vigilancia, resistencia y ataque.

Interceder con autoridad y poder (4)

El Maestro empezó pronto a trabajar sobre los discípulos para que tomaran conciencia del alcance de su misión así como del poder que necesitarían para llevarla a cabo.

Interceder con autoridad y poder (3)

No podemos olvidar que si no existiera el mal no sería necesaria la intercesión, y que en el origen del mal está el Diablo. Es normal, por tanto, que una parte de nuestras intercesiones tiene que ver con las obras del enemigo, porque:

Interceder con autoridad y poder (2)

No podemos tener ninguna duda de que la intercesión es lucha, porque los enemigos principales a los que tenemos que enfrentarnos son muy poderosos, espirituales, rebeldes, belicosos, astutos y ladinos, incansables y vengativos; nunca desisten por las buenas ni sueltan a sus presas amablemente. Sólo la derrota les hace abandonar.

Interceder con autoridad y poder (1)

La intercesión es un ejercicio de autoridad, puesto que la oración de intercesión es la necesaria respuesta de la Iglesia de Jesucristo a la existencia de cualquier tipo de mal que esté dominando situaciones, personas, estructuras, etc. En unas ocasiones la oración será para pedir al Señor que actúe, pero en otras habrá que actuar en el nombre del Señor. La explicación es que:

Interceder en el Espiritu

Cuando la Palabra de Dios nos habla del combate espiritual y de las armas que hemos de usar para participar en el mismo y vencer, una de las normas que da, curiosa a primera vista, es la de que hay que orar en el Espíritu: "Orando en toda ocasión en el Espíritu" (Ef 6,18). ¿Qué quiere decirnos con esta expresión?

Interceder en el nombre de Jesucristo

Las expresiones 'en el nombre de Jesús', 'en el nombre del Hijo', 'por tu Hijo'... se emplean con bastante frecuencia, pero esto no significa que sepamos lo que estamos diciendo, y menos aún que lo digamos en debidas condiciones, cosa muy importante, porque no nos serviría de mucho si no pasan de ser frases que pronunciamos, pero no salen del corazón. Tiene tanta importancia, que el Maestro nos dijo: "Todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré" (Jn 14,13). ¿Se puede ser más preciso?

Interceder para gloria de Dios

La gloria de Dios debe permanecer siempre por encima de cualquier otra motivación a la hora de interceder. De alguna manera viene a ser la respuesta a la instrucción que Jesús da al decir: "Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura" (Mt 6,33). Y cuando el Maestro nos enseña a orar, dice que tenemos que empezar así: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino" (Lc 11,2).

Interceder según la voluntad de Dios

Tanto en la oración de petición por nosotros mismos como en la de intercesión, es fundamental conocer cuál es la voluntad de Dios siempre que podamos, porque ésta es una de las condiciones importantes que Dios nos ha dado para responder nuestras oraciones: "Si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha. Y, si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido" (1 Jn 5,14-15).

Orar sin desfallecer

No significa orar sin parar, sino continuar orando hasta que el Espíritu ponga en nuestro corazón la convicción de que ya hay respuesta a nuestra oración. Unas veces el contenido de nuestra oración será permanente, como sucede cuando oramos en general por la conversión de los pecadores, pero otras veces podrá ser temporal, como en el caso de orar por alguien que llega a convertirse.

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