La intercesión en el plan de Dios

"Y sucedió que mientras Moisés tenía alzadas las manos, prevalecía Israel; pero cuando las bajaba, prevalecía Amalec. Se le cansaron las manos a Moisés, y entonces ellos tomaron una piedra y se la pusieron debajo; él se sentó sobre ella, mientras Aarón y Jur le sostenían las manos, uno a un lado y otro al otro. Y as¡ resistieron sus manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su pueblo a filo de espada" (Ex 17,11-13).

 

1. La referencia fundamental

La intercesión tiene que ver sobre todo y fundamentalmente con la realidad absoluta del poder y el amor de Dios. Toda acción activa o pasiva resultante de una intercesión del hombre ante Dios toca el poder de Dios y desata el amor de Dios. Desde este punto de vista podríamos decir que siempre que vayamos a plantearnos algún aspecto de la intercesión, tendríamos que poner los ojos en primer lugar en estas dos referencias para preguntarnos: ¿Cómo podemos tocar el poder de Dios y desatar su amor en este asunto o para esta situación?

2. Poder y semejanza de Dios

La imagen que Dios quiso reproducir en el hombre, al crearlo, incluía también una relación con el poder, cuyo único depositario absoluto y universal era él:

  • Después de crear el mundo físico, Dios dijo: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos y en las bestias y en todas las alimañas terrestres y en todas sierpes que serpean por la tierra" (Gn 1,26). Y el salmista exclama al referirse al hombre: "Apenas inferior a un dios le hiciste, coronándole de gloria y de esplendor; le hiciste Señor de las obras de tus manos, todo fue puesto bajo sus pies" (Sal 8,6-7).
  • El pueblo de Israel, que era muy consciente de esto, todavía quedó asombrado, cuando vio las obras de Jesús de Nazaret, y "temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres" (Mt 9,8). Este hombre, que causó asombro con sus palabras y sus obras, reveló su secreto al terminar su misión en el mundo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28,18). Y como poseedor del poder absoluto, hizo a sus discípulos partícipes del mismo, hasta alcanzar también al reino espiritual: "En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí hará él también las obras que yo hago" (Jn 14,12). No tenemos por qué sorprendernos de que, cuando los setenta y dos volvieron de su excursión evangelizadora, dijeran contentos: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre" (Lc 10,17). Aquellos discípulos eran de los que habían creído en él.

3. El poder del discípulo en relación a los ángeles

Dios dio también poder a otros seres creados, a los ángeles, un poder muy superior en principio al que dio a los hombres. Pero los ángeles usan su poder de diferente modo: los fieles a Dios, para el bien; los rebeldes a Dios, para el mal; los fieles a Dios, para acercar a los hombres a Dios; los rebeldes, para alejarlos de Dios.
a) El hombre natural no puede enfrentarse con éxito nunca al poder de los ángeles, sean fieles o rebeldes a Dios, por ser muy superior al de los hombres.
b) Sin embargo, hay una parcela de la humanidad, la de los verdaderos discípulos de Jesús que, al recibir el poder de Jesucristo -poder que comparten con él en cuanto permanecen en él- pueden alcanzar también la esfera de lo espiritual, porque también este reino le está sometido a Jesucristo, al no haber nada que escape a su poder.
c) Otro tipo de hombres, entre los que cabría destacar a los servidores del diablo, pueden recibir también poder de estos Espíritus, un poder superior al humano, pero siempre inferior al que tiene Jesucristo y, por consiguiente, al poder de los discípulos a quienes Jesucristo hace partícipes del suyo. Un anticipo de esta realidad, como de tantas otras, lo encontramos en la Palabra de Dios, en las instrucciones que Yahveh da a Moisés antes de visitar a Faraón: "Cuando Faraón os diga: haced algún prodigio, dirás a Aarón: 'Toma tu cayado y échalo delante de Faraón, y que se convierta en serpiente'. Presentándose, pues, Moisés y Aarón a Faraón e hicieron lo que Yahveh había ordenado: Aarón echó su cayado delante de Faraón y de sus servidores y se convirtió en serpiente. También Faraón llamó a los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los sabios egipcios, hicieron con sus encantamientos las mismas cosas. Echó cada cual su vara, y se trocaron en serpientes; pero el cayado de Aarón devoró sus varas" (Ex 7,9-12).

4. Poderes especiales

El poder que recibe el discípulo de Jesús es un poder especial en algunos aspectos y diferente a otras clases o grados de poder. Para entender esto tenemos que partir del entendimiento -hasta donde podamos- de que el poder del discípulo sólo tiene explicación y sentido en cuanto que está unido a Jesús, fuente de poder.

  • Jesucristo tiene poder sobre toda la creación, desde el más elevado nivel de criaturas -como son los ángeles- hasta el más pequeño; desde las circunstancias más difíciles hasta las fuerzas cósmicas más poderosas. En este sentido, el discípulo puede participar de este poder en la medida y el modo que establezca el que lo tiene por entero. En realidad puede llegar a todo -incluso parar el sol o mover montañas- excepto a los ángeles de Dios, porque éstos están únicamente a las órdenes de Dios y obedecen a Dios. Se trata de un poder ejercido por participación. Es, por ejemplo, el poder que nos da el carisma de la fe, al que se refiere el Maestro cuando dice: "Si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: 'Desplázate de aquí a allá, y se desplazará, y nada os será imposible" (Mt 17,20).
  • Pero hay otra manifestación de poder, a la que nos referiremos con más detalle, que se dirige hacia el mismo Dios. Es un poder que, sin ejercer ninguna acción de tipo coercitivo, mueve a Dios a obrar en el sentido de la súplica del discípulo, que se dirige al mismo Cristo o al Padre con Cristo -porque está en Cristo- y realiza con él una acción de mediación. Se trata de activar el poder de Dios mediante cierto tipo de súplica o de oración del discípulo, que recibe el nombre de 'intercesión'.

5. Un recorrido histórico

El desarrollo de esta participación de los discípulos en el plan divino no es personal más que accidentalmente y al final del proceso, pero en la mente de Dios y en la historia de la salvación tiene carácter colectivo, primero en Israel como pueblo elegido y luego en la Iglesia, como medio para llevar a cabo la parte final de la historia y del reinado de Dios. Esta realidad puede resumirse así:

  • Dios creó al hombre para que fuera feliz en la tierra y la habitara dominándola sin problemas (cf Gn 1,26).
  • Por su desobediencia perdió el control de la situación. La rebeldía se apoderó de la tierra y Satán pasó a ser el amo y Señor de la situación por la torpeza del hombre que puso en sus manos la autoridad que Dios le había dado (cf Gn 3-18; Lc 12,31).
  • Dios elige a un pueblo como propiedad personal entre todos los pueblos (cf Ex 19,3-5), el pueblo de Israel, un "reino de sacerdotes y una nación santa" (Ex 19,6), al que va desvelando y a través del cual va realizando su voluntad de restauración para el hombre y para la tierra, dándoles muestras de ello a lo largo de su propia historia, y contando con su colaboración desde el principio.
  • Para que esto llegara a ser posible en plenitud y como remedio único, "la Palabra se hizo carne" (Jn 1,14) en la persona de Jesucristo, quien anunció el Reino de Dios, manifestó los planes de Dios y murió y resucitó, para vencer a los enemigos que habían tomado autoridad sobre la tierra y para ofrecer al hombre la posibilidad de recuperar su situación anterior (cf Jn 12,32), aunque de distinto modo y mediante un proceso continuado de restauración del Reino, pero con él como Rey ya, porque "él debe reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies" (1 Co 15,25).
  • El Hijo volvió al Padre una vez realizada su misión y dejó a la Iglesia el encargo de llevar a cabo su obra, contando con la presencia y la acción poderosa del Espíritu Santo, hasta que él vuelva al final de los tiempos. Para que esto sea posible hace a sus discípulos partícipes de su poder para enfrentarse con éxito a los poderes enemigos y ser mediadores con Cristo y desde él, hasta que la misericordia de Dios se extienda de su mano sobre toda la humanidad, porque él prometió estar con sus discípulos todos los días hasta el fin del mundo (cf Mt 27,20).
  • No es que su obra quedara incompleta, sino que la aplicación de su obra, la oferta de salvación a todos los hombres y la derrota de sus enemigos son un proceso histórico, que su Iglesia debe llevar a feliz término: "Canceló la nota de cargo que había contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, y la suprimió clavándola en la cruz. Y una vez despojados los Principados y las Potestades, los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal" (Col 2,14-15). Pero es necesario que los discípulos hagamos realidad en el tiempo lo que él ya tiene dispuesto: que nosotros colaboremos con él en los trabajos por el Reino del Padre, para lo cual la intercesión es uno de los medios más eficaces que ha puesto a nuestro alcance.

TEXTOS PARA LA REFLEXION

a) Mt 28,18; b) Ex 7,9-12; c) Ap 19,11-16; d) Jn 14,12