Reflexión sobre la oración de intercesión II

Jesús dijo: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna" (Jn 3,36)

 

1. Reflexión sobre la oración de intercesión

La participación individual de los hombres en la ejecución de los planes divinos no es específicamente personal más que de modo ocasional; en la mente de Dios y en la historia de la salvación tiene más bien carácter comunitario, primero en Israel como pueblo elegido y luego en la Iglesia, como medio para llevar a cabo la parte final de la historia y del reinado de Dios:

  • Dios creó al hombre para que fuera feliz en la tierra y la habitara dominándola (cf. Gn 1,26).
  • Por su desobediencia perdió el control de la situación. La rebeldía se apoderó de la tierra y Satán pasó a ser el amo y Señor de la situación por la torpeza del hombre, que puso en sus manos la autoridad que Dios le había dado (cf. Gn 3-18; Lc 12,31).
  • Dios elige a un pueblo como propiedad personal entre todos los pueblos (cf. Ex 19,3-5), el pueblo de Israel, un "reino de sacerdotes y una nación santa" (Ex 19,6), al que va desvelando y a través del cual va realizando su voluntad de restauración para el hombre y para la tierra, dándoles muestras de ello a lo largo de su propia historia, y contando con su colaboración desde el principio.
  • Para que esto llegara a ser posible en plenitud y como remedio único, "la Palabra se hizo carne" (Jn 1,14) en la persona de Jesucristo, quien anunció el Reino de Dios, manifestó los planes de Dios y murió y resucitó, para vencer a los enemigos que habían tomado autoridad sobre la tierra y para ofrecer al hombre la posibilidad de recuperar su situación anterior (cf. Jn 12,32), aunque de distinto modo y mediante un proceso continuado de restauración del Reino, pero con él como Rey ya, porque "él debe reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies" (1 Co 15,25).
  • El Hijo volvió al Padre una vez realizada su misión y dejó a la Iglesia el encargo de llevar a cabo su obra, contando con la presencia y la acción poderosa del Espíritu Santo, hasta que él vuelva al final de los tiempos. Para que esto sea posible hace a sus discípulos partícipes de su poder para enfrentarse con éxito a los poderes enemigos y ser mediadores con Cristo y desde él, hasta que la misericordia de Dios se extienda de su mano sobre toda la humanidad, porque él prometió estar con sus discípulos todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 27,20).
  • No es que su obra quedara incompleta, sino que la aplicación de su obra, la oferta de salvación a todos los hombres y la derrota de sus enemigos son un proceso histórico, que su Iglesia debe llevar a feliz término: "Canceló la nota de cargo que había contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, y la suprimió clavándola en la cruz. Y una vez despojados los Principados y las Potestades, los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal" (Col 2,14-15). Pero es necesario que los discípulos hagamos realidad en el tiempo lo que él ya tiene dispuesto: que nosotros colaboremos con él en los trabajos por el Reino del Padre, para lo cual la intercesión es uno de los medios más eficaces que ha puesto a nuestro alcance.