La mediación en el nuevo testamento

Jesús dijo: "Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy" (Jn 13,13)

Mediador adecuado

La diferencia fundamental que hallamos entre la mediación del Antiguo y del Nuevo Testamento se refleja sobre todo en dos realidades que concurren en el último: la concentración de las diferentes clases de mediación en una sola persona y la capacitación absoluta de mediación en la misma persona.

  • En el Antiguo Testamento Dios hablaba a su pueblo por medio de los profetas; los sacerdotes presentaban a Dios sacrificios por el pueblo y dirigían el culto; los intercesores se ocupaban de clamar a Dios en favor del pueblo; los jueces y los reyes debían gobernar en el nombre de Dios, haciendo cumplir sus leyes, etc. Por otra parte todas sus intervenciones eran limitadas en todos los aspectos, y los efectos que producían eran debidos a la respuesta de Dios, que se mantuvo fiel a su alianza, más que a la capacidad de mediación de los hombres.
  • En el Nuevo Testamento todos esos oficios de mediación se concentran en la persona de Jesucristo, hombre como los de tiempos anteriores, pero con capacidad para presentarse ante Dios y tratar los asuntos de los hombres con él de igual a igual, por ser el Hijo. Los lamentos de Elí son ya un recuerdo, porque ahora tenemos un mediador capaz en todos los aspectos, Jesucristo, el mediador prefigurado en el Siervo de Dios, y proclamado as¡ por la Palabra y el Espíritu: "Hay un solo Dios y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos" (1 Tm 2,5).

Las funciones del mediador

Recordemos las distintas funciones del mediador y cómo se dan en Jesucristo, que reúne todas y las lleva a la perfección:
a) Función profética. Los profetas mediadores del Antiguo Testamento sólo trasmiten la palabra de Dios o se consagran a su servicio; Jesucristo nos revela definitivamente y de modo nuevo el misterio de Dios, en cuanto que es el Verbo o Palabra de Dios "que se hizo carne y puso su morada entre nosotros" (Jn 1,14).
 

  • Transmite la palabra del Padre como ninguno de los profetas conocidos, porque la conoce y la vive de primera mano: "El que me ha enviado es veraz, y lo que he oído a él es lo que hablo al mundo" (Jn 8,26). Y en otra ocasión aún insistía: "Yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre, que me ha enviado, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar" (Jn 12,49).
  • Es reconocido como profeta por la multitud que le adjudica este título: "Glorificaban a Dios diciendo: 'Un gran profeta se ha levantado entre nosotros'" (Lc 7,16).
  • Y por si no fuera todavía suficiente, también recibió trato de profeta y fue odiado (cf. Jn 15,18) y perseguido como lo fueron lo verdaderos profetas (cf. Jn 15,20).

b) Función sacerdotal y expiatoria. Cristo sacerdote, como Dios y hombre:
 

  • preside el culto y se ofrece a s¡ mismo como sacrificio expiatorio: "La muerte de Cristo es a la vez sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres (cf 1 Co 5,7) por medio del 'Cordero de Dios que quita el pecado del mundo' (Jn 1,29), y sacrificio de la Nueva Alianza (cf 1 Co 11,25) que devuelve al hombre a la comunión con Dios" (CEC 613). Pero este sacrificio es también "ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre, que libremente y por amor (cf Jn 15,13) ofrece su vida" (CEC 614);
  • reconcilia a los pecadores con Dios: "En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación" (2 Co 5,19);
  • continúa intercediendo en el cielo: "Tenemos un Sumo Sacerdote tal que se sentó a la diestra del trono de su Majestad en los cielos, al servicio del santuario y de la tienda verdadera, erigida por el Señor, no por un hombre" (Hb 8,1-2);
  • no hay necesidad de nuevos sacrificios, pues Cristo penetró en el cielo "no para ofrecerse a sí mismo repetidas veces... sino que se ha manifestado una sola vez, en la plenitud de los tiempos, para la destrucción del pecado mediante su sacrificio" (Hb 9,25-26);
  • y hace valer sus padecimientos ante el Padre: "Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre, hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación" (Ap 5,9).

c) Mediación cósmica y regia. Como nuevo Adán, Cristo es la cabeza de la humanidad recuperada, a la que anima con vida divina (cf. 1 Co 15,22.45).
 

  • El recapitula el universo y es su cabeza, de acuerdo con la voluntad del Padre de que "todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra" (Ef 1,10).
  • Ha recibido la unción del rey según su propia confesión ante Pilato: "Como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad" (Jn 18,37).
  • Tiene el poder de disponer de todos los bienes del reino mesiánico, en el presente y en el futuro: "Yo dispongo un reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para m¡ " (Lc 22,29).
  • Dios le ha sometido el mundo venidero y lo ha constituido heredero de todas las cosas (cf. Hb 1,2).