El sacerdocio común de los discípulos de Cristo

Sólo Jesucristo es el Mediador absoluto del Nuevo Testamento. Pero él, en quien se concentra todo poder y autoridad, es cabeza y está al frente de un pueblo, al que el Padre ha constituido sacerdotal. Éste es el principio de la capacidad intercesora de los cristianos, y se menciona en el Apocalipsis del siguiente modo: "Los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Y cantan un cántico nuevo diciendo: 'Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de sacerdotes, y reinan sobre la tierra’" (Ap 5,8-10).

  • Pedro enseña a este respecto en su primera carta: "Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida y preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, sois utilizados en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo... Vosotros sois el linaje elegido, el sacerdocio real, la nación santa, el pueblo que Dios se ha adquirido para que proclame los prodigios de aquél que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz" (1 P 2,4-5.9).
  • El pueblo de Dios, como pueblo sacerdotal, ha de anunciar las maravillas del que lo llamó de las tinieblas a su luz admirable.
  • Los cristianos cumplen las dos funciones esenciales del sacerdocio: la palabra y el culto.
  • El servicio sacerdotal de los fieles se realiza por medio de Jesucristo, mediador y sacerdote único de la Iglesia.
  • El oficio sacerdotal sólo se ejerce en comunión con él y en dependencia de él.
  • Construidos como piedras vivas para templos en el Espíritu, y destinados a ser sacerdocio santo, escogidos por Dios y pertenecientes a él, han de ofrecer los sacrificios determinados por el Espíritu Santo, que habita en ellos, y que son aceptos a Dios.
  • Estos sacrificios son corporales y espirituales. Dice el Concilio Vaticano II: "Todas sus obras, preces y proyectos apostólicos, la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano, el descanso del alma y del cuerpo, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida si se sufren pacientemente, se convierten en 'hostias espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo' (1 P 2,5)" (I 34).